Próximo viernes 13/11 en "Sailing, navegando por la música": Charly García yendo de la cama al living

Este viernes 13 de noviembre a las 22:00 hs por FM105.7 y www.la1057.com.ar un joven Charly García nos cuenta cómo hizo su primer disco solista.

También estarán THE BEATLES, el pop Folk de Jack Jonson, LED ZEPPELIN, el blues de Colin James, Aretha FRANKLIN y The Nimmo Brothers. Desde Uruguay llega Falta y Resto y un homenaje a Mario Benedetti; en la sección del rock argentino La Guardia Hereje, JAF, el Duo Fantasía y PAPPO. Y también en la sección dedicada a la Música BEAT Argentina les recordaremos a Johnny Tedesco versionando un tema de Elvis.

Y como siempre nuestros tradicionales micros:
* reGALEANdO: cuentos de Eduardo Galeano en la voz de su autor.
* Historia y actualidad de nuestros Pueblos Originarios.
* El Disco del Mes: la historia de las placas que hicieron historia en la música popular. En esta edición el primer disco del grupo The Mamas & The Papas.

En la co-conducción los comentarios siempre afilados del HOSTRO del Morco con su capacidad para hacer amigos y ganar audiencia.

Si te gusta nuestra propuesta, RECOMENDANOS. Acordate: todos los VIERNES a las 22 HS por FM 105.7 y por
www.la1057.com.ar

Este program es una reedición del emitido el 22 de mayo del 2009.

Así fue el viernes 6/11 en "Sailing, navegando por la música": Michael Jackson y La Pesada


Ya pueden escuchar el programa del viernes 6 de noviembre o bajarlo, ingresando en los links que se encuentran arriba y a la derecha del blog.

Este viernes a las 22:00 hs por FM105.7 y www.la1057.com.ar les presentamos un reportaje a Billy Bond que cuenta los incidentes en el Luna Park del 20/10/72 con La Pesada del Rock and Roll y un par de temas de lo mejor de Michael Jackson.

También estuvieron THE BEATLES, George Harrison, CREEDENCE, el blues de Wayne Perkins, Jean Jacques Milteau, B.B.KING y Rob Tognoni. Desde Uruguay llega RUBÉN RADA con candombe; en la sección del rock argentino les vamos a presentar a Los Gardelitos, La 25, Grupo Uno, Bahiano, Fernando GOIN, Ataque 77 y ALMENDRA.

Y como siempre nuestros tradicionales micros:
* reGALEANdO: cuentos de Eduardo Galeano en la voz de su autor.
* Historia y actualidad de nuestros Pueblos Originarios.
* El Disco del Mes: la historia de las placas que hicieron historia en la música popular (Esta vez el primer LP de Creedence Cearwater Revival).

En la co-conducción los comentarios siempre afilados del HOSTRO del Morco con su capacidad para hacer amigos y ganar audiencia.


Si te gusta nuestra propuesta, RECOMENDANOS. Acordate: todos los VIERNES a las 22 HS por FM 105.7 y por http://www.la1057.com.ar/

Este programa fue una reedición del emitido el 17/04/2009.

"Sailing, navegando por la música" una pasión radial

Todos los VIERNES a las 22 HS por FM 105.7 y por www.la1057.com.ar

El disco del mes de octubre 2009: Beggars Banquet - 1968 - Rolling Stones

Green River
Álbum de Creedence Clearwater Revival
Publicación: 3 de agosto de 1969
Grabación: Wally Heider's Studio, San Francisco, California, marzo 1969
Género: Rock
Duración 28:50 (original) 44:35 (reedición)
Discográfica: Fantasy Records
Productores: John Fogerty y Saul Zaentz


Green River es el tercer álbum de estudio de la banda estadounidense Creedence Clearwater Revival publicado en 1969. En 2003, Green River fue emplazado en el puesto 95 de la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos elaborada por la revista musical Rolling Stone.

La canción "Lodi" fue titulada en honor de la ciudad de Lodi, California. John Fogerty nunca había visitado la ciudad, aunque, según sus propias declaraciones, tomó el nombre por ser el "que mejor sonaba".

El tercer álbum de CCR, Green River, fue publicado en agosto y rápidamente certificado como disco de oro junto al single "Green River", que también llegó al puesto #2. La cara B de "Green River", "Commotion", alcanzó el puesto #30.

El tema "Lodi" se convertiría también en un éxito en las emergentes estaciones de radio de FM. Por otra parte, el énfasis de la banda por crear nuevas versiones de sus temas favoritos continuó con "The Night Time Is the Right Time".

Creedence continuó ofreciendo conciertos, entre los que se incluyeron el Atlanta Pop Festival y el Festival de Woodstock. El concierto de CCR no fue incluido finalmente en el video del festival ni en su banda sonora debido a que el propio Fogerty consideró que el concierto no fue decente. La banda llegaría incluso a quejarse de que tuvieron que salir al escenario a las tres de la madrugada tras Grateful Dead, quienes sobrepasaron el tiempo estimado interpretando varias jams. Cuando CCR saltó al escenario, gran parte del público había abandonado el festival.

Lista de canciones
Todos los temas compuestos por John Fogerty excepto donde se indica.

Cara A
"Green River" – 2:36
"Commotion" – 2:44
"Tombstone Shadow" – 3:39
"Wrote a Song for Everyone" – 4:57

Cara B
"Bad Moon Rising" – 2:21
"Lodi" – 3:13
"Cross-Tie Walker" – 3:20
"Sinister Purpose" – 3:23
"The Night Time Is the Right Time" (Napoleon "Nappy" Brown/Ozzie Cadena/Lew Herman) – 3:09

Temas extra de la edición de 2008
"Broken Spoke Shuffle" - 2:39
"Glory Be" - 2:48
"Bad Moon Rising" (Live in Berlin, 9/16/71) - 2:07
"Green River/Susie Q" (Live in Stockholm, 9/21/71) - 4:28
"Lodi" (Live in Hamburg, 9/17/71) - 3:19

Personal
Doug Clifford: batería
Stu Cook: bajo
John Fogerty: guitarra y voz
Tom Fogerty: guitarra rítmica y coros

Producción
John Fogerty: productor
Russ Gary: ingeniero de grabación
Tamaki Beck: supervisor de masterización
Kevin Gray, Steve Hoffman: masterización
Basul Parik: fotografía

Listas de éxitos
Albums
Año - Lista - Posición
1969 Black Albums 26
1969 Pop Albums 1
1970 UK Album Charts 20

Singles
Año – Single - Posición Pop Singles UK Top 40
1969 "Bad Moon Rising" 2 1
1969 "Commotion" 30
1969 "Green River" 2 19
1969 "Lodi" 52

A partir del viernes 13 durante el mes de noviembre en cada programa escucharemos un tema de este disco, que hizo historia en la música popular.

Programa especial de Woodstock del viernes 14/08/09

Este viernes 14 de agosto a las 22 hs. por FM 105.7 y www.la1057.com pusimos en el aire un programa especial dedicado al 40 aniversario del mítico Festival de Woodstock, desarrollado los días 15,16,17 y 18/08/1969.

Ya lo podés revivir, escuchar o bajar ingresando a los links que están hacia abajo y a la derecha del blog.

Enterate
por qué The Beatles no estuvieron en Woodstock
. ¿Los invitaron? ¿Qué tema hubieran tocado?. Además los números más memorables de los 3 días y medio de paz, música y amor:
Canned Heat, John Sebastian, Arlo Guthrie, Joan Báez, Crosby, Stills & Nash y la espectacular interpretación de Joe Cocker.

Además vas a saber si Julio Cortázar estuvo en Woodstock, si escribió influido por el espíritu del Festival, y escucharás dos cuentos de Historias de Cronopios y de Famas en su propia voz. En Música de Cine escuchamos el relato que sirvió de inspiración a la película "Blow up" de Michelángelo Antonioni (Las babas del diablo"), la comparación entre el guión y el cuento, música de la película, un tema de Lovin' Spoonful que sonó en el film y otro de los Yardbirds con Jeff Beck y Jimmy Page que actuaron con todo el grupo.

También los temas musicales que le gustaban a Cortázar. ¿Algo más? Sí: qué tiene que ver Hair con Woodstock y los poetas de la generación Beat.

En la co-conducción nuestro amigo el Alemán aportó los datos literarios y cinemátográficos; como siempre los comentarios afilados del HOSTRO del Morco con su capacidad para hacer amigos y ganar audiencia.

Si te gusta nuestra propuesta, RECOMENDANOS. Acordate: todos los VIERNES a las 22 HS por FM 105.7 y por www.la1057.com.ar

Clarín lucha por un periodismo independiente, siempre que le sea favorable al grupo

Con grandes titulares la edición de Clarín del viernes 28 de agosto pasado ataca el nuevo proyecto de ley de radiodifusión que el Poder Ejecutivo envió al Congreso y que lesiona sus intereses comerciales. Habla de un "avance sobre la prensa independiente" y recibe el apoyo de una oposición vinculada a los mismos intereses económicos.

Sin embargo, nada dicen que, por medio de la ley, ellos censuraron al blog http://www.quetepasaclarin.blogspot.com/ porque hablaba en contra del diario y todo el grupo económico. Según ellos eso no está en contra de los medios independientes.


En el mencionado blog se leía este mensaje:

A la comunidad de lectores y a la blogósfera en general:
Debido a acciones legales iniciadas contra este blog por parte de una de las empresas que conforman el Grupo Clarín, nos vemos forzados a limitar el acceso a toda la producción de contenidos que venimos realizando desde hace ya más de tres meses. La intención que tuvimos cuando pusimos en marcha este proyecto fue la de generar un espacio más para aportar al debate que se está dando actualmente -a lo largo y a lo ancho de nuestro país- en lo que respecta a las intenciones de la sociedad de reveer la regulación del espacio radioelectrico, vigente desde la última dictadura militar. Lo hicimos poniendo el foco sobre la empresa multimediática que más se ha beneficiado con el esquema de concentración económica que permite la legislación actual, produciendo información de puro sesgo periodístico, con opiniones editoriales de los autores comprometidos con el proyecto. Hoy nos toca sentir en carne propia que, efectivamente y como lo venimos diciendo, el ejercicio del derecho a la libertad de expresión es un privilegio reservado sólo a unos pocos. Sin ánimo de dramatizar esta situación, solicitamos a la comunidad bloguera que comunique las causas de la baja de este blog y nos comprometemos a mantener canales abiertos de comunicación a los efectos de continuar informando sobre el desarrollo de los sucesos.
Sin más, los saluda con mucho cariño,
El equipo de QTPC

Saquen sus propias conclusiones.

Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia: 2/10/2009 al 2/01/2010


La Marcha Mundial comenzará en Nueva Zelanda el 2 de octubre de 2009, día Internacional de la No-Violencia. Finalizará en la cordillera de Los Andes, en Punta de Vacas al pie del Monte Aconcagua el 2 de enero de 2010.

Durante estos 90 días, pasará por más de 90 países y 100 ciudades, en los cinco continentes.

De manera casi simbólica un equipo de cien personas de distintas nacionalidades hará el recorrido completo. Sin embargo, habrá actividades en mas de 300 ciudades para difundir los objetivos.


Los objetivos centrales de la marcha son crear conciencia sobre la urgencia de la eliminación de las armas nucleares, la retirada de los territorios ocupados, la reducción progresiva proporcional del armamento; la firma de tratados de no agresión entre países y la renuncia de los gobiernos a utilizar la guerra como medio para resolver conflictos.

Por qué
  • Porque el hambre en el mundo puede resolverse con el 10% de lo que se gasta en armamento. ¿Podemos imaginar cómo sería si se destinara el 30 o el 50% para mejorar la vida de la gente, en vez de aplicarlo en destrucción?Porque eliminar las guerras y la violencia representa salir definitivamente de la prehistoria humana y dar un paso de gigante en el camino evolutivo de nuestra especie.

  • Porque en esta aspiración nos acompaña la fuerza de las voces de cientos de generaciones anteriores, que sufrieron las consecuencias de las guerras, y cuyo eco sigue escuchándose hoy en todos los lugares donde siguen dejando su siniestra estela de muertos, desaparecidos, inválidos, refugiados y desplazados.

  • Porque un "mundo sin guerras" es una propuesta que abre el futuro y aspira a concretarse en cada rincón del planeta en el que el diálogo vaya sustituyendo a la violencia.
¡Ha llegado el momento de hacer oír la voz de los sin-voz! Millones de seres humanos piden por necesidad que se acaben las guerras y la violencia.Podemos conseguirlo uniendo todas las fuerzas del pacifismo y de la no-violencia activa del mundo.

Galería de fotos

Isologo 2009

Isologo 2009

San Pedro Country Music Festival 2008: fotos exclusivas de Sailing...

Algunas tapas de mis discos

Isologo histórico

logos

La Whipala

La Whipala
Es el símbolo de identificación Nacional y Cultural de los Andes Amazónicos y del Altiplano.

Bandera Mapuche

Bandera Mapuche

Pueblos Originarios: Nosotros los ignoramos - ¿Quiénes somos los argentinos?

Nosotros los ignoramos

La gran mayoría de los argentinos se cree muy diferente al resto de los países latinoamericanos, porque ignora la numerosa presencia de los pueblos indígenas distribuida en el interior del territorio. Nuestra sociedad cree que los indios sólo están en los museos y que no existen en la realidad.

Alimentamos el rechazo a los indígenas mediante comentarios ofensivos y racistas que evidencian la cultura del desconocimiento hacia el mundo aborigen. Martín Flores

Quiénes somos los argentinos?
"En la Argentina de hoy viven cerca de medio millon de indígenas, la mayoría de ellos en condiciones de extrema marginalidad. Devorados por las enfermedades, sin educación sin las más elementales posibilidades de desarrollo, superan el desamparo por propia iniciativa y algún apoyo de instituciones del estado o privadas. Pero estás solos.

Los argentinos tenemos que reconocer y asumir nuestra parte negada americana, que hemos venido ocultado durante tanto tiempo. Allí encontraremos una respuesta a la pregunta por nuestra identidad."
Carlos Martínez Sarasola

"Sailing, navegando por la música" va a contribuir a difundir la problemática actual de los Pueblos Originarios. En cada programa, junto a la música de siempre, un informe tratará de hacer conocer la vida de quienes son nuestros antepasados. El Navegante Errante

Ellos son los dueños de la tierra

Ellos son los dueños de la tierra
Comunidad Mapuche hoy

La lucha por el territorio, por Darío Aranda

Empresas sojeras, plantas de celulosa, minería a cielo abierto, petroleras y el turismo cinco estrellas expulsan de sus territorios a pueblos indígenas. Un relevamiento parcial contabilizó 397 conflictos por tierras, con una superficie total de 8,6 millones de hectáreas: tres veces la extensión de Misiones o 425 veces la Ciudad de Buenos Aires. A fuerza de organización, las comunidades indígenas resisten desalojos y comienzan a recuperar territorios.

El Impenetrable. Por Mempo Giardinelli - 25/07/2007

Parecieran niños de nacionalidad africana por sus aspectos demacrados y huesudos pero no, son chicos del interior, del Impenetrable chaqueño.... la verdad que indigna y da escalofríos lo que relata Mempo.25 de setiembre de 2007-Página 12. Por Mempo Giardinelli

En estos tiempos el Chaco concita la atención de todo el mundo. Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen –ya impropiamente– como El Impenetrable.

Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla. No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos.

Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina –no pedida ni autorizada– al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia. Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina.Aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones. Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas. Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da.Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli –población de 30 mil habitantes que se autocalifica "Portal del Impenetrable"– la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país.

Entramos –nuevamente por atrás– al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis.Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada. El olor rancio es insoportable, las moscas gordas parecen ser lo único saludable, no hay médicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la Muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir.

Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta. Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. "Siempre", responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, "aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele".Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento. Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella. Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque "no tenemos lavandina".Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar. Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo. Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas.Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco. Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón, El Espinillo y varios más. Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas). Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas.Digan lo que digan, estas tierras –más de tres millones de hectáreas– fueron vendidas con los aborígenes dentro. Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos. Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también.

Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio o genocidio tienen vigencia.Desfilan ante nuestros ojos enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de "los pentecostales" o "los anglicanos". Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: "Por aquí, Dios no pasó".

Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad. Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol: "Con la fuerza de Rozas, vote lista 651". Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los pastores mediáticos brasileños de "Pare de sufrir". Abajo dice: "Chaco merece más. Vote Caìtanich".A unos 400 kilómetros de aquí el escrutinio final de las elecciones avanza lenta, nerviosamente. En alguna oficina el ministro de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien lejos de aquí, como casi todos los legisladores.

Nunca antes el Chaco ni este país me habían dolido tanto.

Una recorrida por los abusos sobre las tierras de los Pueblos Originarios - Octubre 2007


El campo de golf del Hotel Llao Llao de Bariloche es de los más exclusivos del país, con precios tan inalcanzables como una cabaña cinco estrellas frente al cerro de los Siete Colores de Humahuaca o una habitación con vista al Parque Nacional Iguazú. En los tres lugares, comunidades indígenas resisten desalojos de sus territorios ancestrales y exigen que se respeten sus derechos constitucionales a vivir donde nacieron. Son sólo una muestra de los 397 casos que relevó este diario en doce provincias y que involucra a 8.653.490 hectáreas, una superficie similar a media provincia de Córdoba, o tres veces Misiones o 425 veces la Ciudad de Buenos Aires. Los territorios aborígenes también son acechados por el corrimiento de la frontera agropecuaria, los monocultivos de soja y pino, la minería metalífera a gran escala y las petroleras. “El modelo extractivo de ‘desarrollo’, a base de explotar nuestros recursos naturales, es una saqueo al país, pero también es directamente opuesto a nuestro modo de vida. Para ese modelo de saqueo, necesitan nuestros territorios, pero nosotros no nos quedaremos de brazos cruzados”, advierten desde la organización Mapuche-Tehuelche 11 de Octubre, de Chubut. El mapeo, que sólo abarca una parte del total de situaciones del país, también revela que los conflictos se multiplican de la mano del crecimiento de organizaciones indígenas y campesinas, y de su consolidación como actores sociales en una decena de provincias.
Educación bilingüe e intercultural, asistencia sanitaria (en complementariedad con la salud ancestral) y participación en todos los asuntos que los afectan -como consta en la Constitución Nacional- son derechos y reclamos históricos de los 24 pueblos indígenas de Argentina, presentes en 19 provincias y que, según las propias comunidades, ronda el 1,5 millones de personas (aunque el Censo Indígena del Indec, muy cuestionado por los pueblos originarios, arrojaba un número mucho menor: 400 mil personas). Pero en la lista de derechos básicos, siempre el primero es el mismo: “Territorio” (entendido con la carga de costumbres, cultura e historia, y no como un bien económico, por eso no utilizan el término “tierra”). Reconocido por la Constitución Nacional, constituciones provinciales, pactos internacionales y, recientemente, por la ONU.
El híperdifundido “caso Benetton”, que enfrenta al matrimonio mapuche Atilio Curiñanco y Rosa Rúa Nahuelquir con los multimillonarios europeos, con 565 hectáreas representa sólo el 0,006 por ciento de las tierras en disputa de Argentina, según el relevamiento de este diario, que contabilizó 397 casos y que tienen como sectores enfrentados a los pueblos indígenas de un lado y, del otro, un gran arco conformado por multinacionales mineras, estados provinciales y Nacional, privados multimillonarios –aunque también algunos menos acaudalados-, empresarios turísticos, plantas de celulosa, empresas sojeras, universidades nacionales y, según acotan las comunidades, “un sistema político y judicial que desobedece las leyes”. Las provincias con mayores conflictos: Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Misiones, Chaco, Neuquén, Río Negro y Chubut. También figuran Mendoza, La Pampa, Formosa y Buenos Aires.

Mapuches en el Llao Llao
El hotel Llao Llao se encuentra a 30 kilómetros del centro de Bariloche, entre montañas y con vista al lago Nahuel Huapi, la habitación más económica cotiza 348 dólares por noche. El sábado 15 de septiembre tuvo una visita inesperada: la comunidad mapuche Takul-Chewke llegó en camionetas, con materiales y alimentos, y comenzó la construcción de su cabaña, a sólo siete kilómetros de los cuartos cinco estrellas, una de las zonas más codiciadas y costosas de la Patagonia. “Venimos a recuperar 625 hectáreas que le robaron a nuestra abuela en 1951. Somos parte de este lugar, que ahora recupera a sus originales habitantes, que no se han muerto y que todavía resisten”, explicó Ana María, nieta de Takul y vocera de la comunidad, compuesta por seis familias con 126 integrantes. Los ampara la Constitución Nacional, convenios internacionales con rango constitucional, leyes nacionales y hasta la Carta Orgánica municipal –recientemente aprobada-, pero ya los denunciaron por “usurpación”.
Sólo en Río Negro existen al menos 20 conflictos de tierras que significan 106.150 hectáreas. Si se incluyen Neuquén y Chubut –-siempre Pueblo Mapuche-Tehuelche-, los casos ascienden a 81, que involucran 199.245 hectáreas. “Existen muchísimas más disputas territoriales de las que llegan a los medios o a los juzgados. Imposible estimar”, remarcó el abogado de Chubut Eduardo Hualpa, especializado en derecho indígena.
Las contrapartes: el Estado (nacional, provincial y municipal), el Ejército, estancieros, empresarios turísticos, las empresas de hidrocarburos Chevron, Total Austral, Petrobras, Repsol-YPF, Energy Company, Pluspetrol, Apache Corporation, Petrolera Piedra del Aguila, TGS Transportadora de Gas del Sur, Petrolera Orion y Texaco. También intentan desalojos las compañías mineras Imausa, Ambar, IMA Explorations, Aquiline Resources, Meridian Gold y Andacollo Gold, entre otras. Un caso del mundo insólito lo protagonizó la empresa estadounidense Apache, cuando llevó a juicio a la comunidad Lonko Purán porque ésta le prohibió, mediante cortes de ruta y movilizaciones, ingresar a sus tierras ancestrales.
“Los gobiernos de hoy tienen la misma ideología de los que intentaron nuestro exterminio. Responden a los mismos intereses que se beneficiaron con la apropiación de nuestro territorio. Generan condiciones políticas y adecuan las leyes para que grandes grupos económicos se apropien de recursos estratégicos que están dentro de nuestro espacio. Agua, petróleo y oro son sólo un ejemplo”, remarcó Chacho Liempe, referente del Consejo Asesor Indígena (CAI), de Río Negro, que afronta una decena de conflictos.
Además, la concentración de tierras se acentúa y, cada vez más, genera choques con comunidades mapuches. Como muestra un estudio de la Mesa Campesina del Norte Neuquino -en base a datos oficiales-, detalla que el diez por ciento de las explotaciones agropecuarias más grandes de la provincia concentran el 92 por ciento de las tierras productivas, mientras que el 60 por ciento de los productores más pequeños representan sólo el 0,6 por ciento de la superficie provincial.
Las comunidades indígenas de la Patagonia visualizan otro foco de problemas que crecerá en los próximos años: la minería a cielo abierto, que con grandes explosiones de rocas, millones de litros de agua y sopas ácidas (muchas veces con una sustancia contaminante como el cianuro) producen un cóctel acusado de contaminar aire, suelo y napas subterráneas. En 2003, la ciudad de Esquel, en Chubut, se movilizó y organizó un plebiscito para que la ciudadanía decida qué tipo de desarrollo deseaba: el 81 por ciento votó contra la minería a gran escala, personificado en ese caso en al compañía Meridian Gold. "La minería es una actividad meramente extractiva con múltiples ramificaciones y consecuencias tanto a escala económica como ecológica, social y cultural. Es un hecho comprobado que las regiones mineras del mundo son publicitadas inicialmente como regiones ricas y llenas de oportunidades, pero terminan siendo las más pobres", afirma un comunicado de Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Río Negro.
Luego del plebiscito la empresa optó por un perfil más bajo, pero no abandonó el proyecto. En la región, existen nueve emprendimientos en ejecución o estado avanzado: Yacimiento Navidad (que generó un gran conflicto con comunidades originarias del centro de Chubut), El Desquite, Calcatreu, Andacollo, Cerro Vanguardia, Manantial Espejo, San José-Huevos Verdes, Cerro Solo y Sierra Grande. “Todos ellos están asentados sobre territorios indígenas o de campesinos con posesión de décadas”, afirmaron desde la Asamblea de Esquel. Además, existe una decena de emprendimientos en exploración. “El 75 por ciento de la Argentina está inexplorada”, publicitan desde la Secretaría de Minería de la Nación, invitando a empresas a radicarse en los 5.000 kilómetros de cordillera.
“Hay un avance de los latifundios, de las empresas de hidrocarburos y muy claramente de las mineras, pero en nuestros derechos no hay avance, sean gobiernos peronistas o radicales no hay respuestas, no aparecemos en sus agendas. Pero seguiremos organizándonos con tres objetivos claros: reconocimiento como Pueblo Mapuche, restitución de nuestros territorios ancestrales e investigación sobre el proceso histórico de cómo el Estado actuó con el Pueblo”, advirtió Mauro Millán, de la organización mapuche-tehuelche 11 de Octubre.

Minería, desmontes y soja
Salta, Jujuy y Santiago contabilizan al menos 275 situaciones de conflictos territoriales, que involucran 6.365.462 hectáreas. Salta contabiliza 46 casos, con 1,3 millones de hectáreas que afectan principalmente a los pueblos Guaraní, Wichí y Kolla, aunque en menor proporción también al pueblo Toba y Chané. El avance sobre sus espacios incluye el desmonte nativo para la siembra de soja. En el período 2002-2006, en Salta dejaron de existir 414.934 hectáreas, más del doble del registrado entre 1998-2002, y cuya índice de desmonte supera el promedio mundial, según datos de la Secretaría de Medio Ambiente de Nación en su último “Inventario Nacional de Bosques Nativos”. A nivel país, en el mismo lapso, dejaron de existir 1.108.669 hectáreas de bosques, 277 mil hectáreas por año, que equivalen a 760 por día, 32 hectáreas por hora. La misma Secretaría remarca que la deforestación se produce para destinar esas superficies a la agricultura, principalmente al cultivo de soja.
En Salta sobresalen los conflictos en tierras aledañas a la Ruta Nacional 86, al norte provincial, con históricas disputas con ingenios azucareros (el San Martín, de la compañía Seabord Corporation es el más resonante) y, en el sur provincial, zona de los Valles Calchaquíes, las disputas se dan con grandes fincas (en su mayoría viñateras) que adquieren grandes extensiones de tierra con históricos ocupantes dentro. La actividad minera también mantiene alerta a la zona de Cafayate y San Carlos: en los últimos años se produjeron más de cuarenta prospecciones metalíferas, en su mayoría de oro, plata, cobre y plomo.
En Jujuy, el Pueblo Kolla se encuentra asentado en la zona de la Quebrada y Puna, fundamentalmente en tierras fiscales, y una minoría de dominio privado. En tanto el Pueblo Guaraní se encuentra en la zona del Ramal Jujeño donde casi la totalidad está en manos de particulares, a excepción de dos lotes (1 y 515), que las comunidades guaraníes reclaman como propios pero el estado provincial lo licitó a privados. En la provincia, se relevaron diez conflictos, que involucran dos millones de hectáreas. También sobresale la actividad minera (yacimiento Pirquitas, Minera Aguilar y el lavado de oro sobre el río Orosmayo) y los conflictos con empresarios turísticos, focalizados luego de que Humahuaca fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, lo que elevó los precios del lugar, con la consecuente llegada de privados poseedores de cuestionados títulos de propiedad. “El gobierno provincial alienta cuatro polos productivos: la industria del azúcar y el tabaco, el turismo y la minería. Todas ellas atentan contra nuestros territorios y nuestra forma de vida”, explicó Ariel Méndez, de la Red Puna.
Los agronegocios, con la soja transgénica como bandera, tuvieron este año una cosecha récord: 47 millones de toneladas, por un monto aproximado de 15.000 millones de dólares. “El avance del modelo agroexportador trajo innumerables conflictos legales a las familias asentadas en las tierras desde hace décadas. Los cambios climáticos sumados a los avances tecnológicos hicieron de las viejas y olvidadas tierras santiagueñas un paraíso para grandes empresarios. Con la soja, las tierras se tornaron un bien preciado”, explicaron desde el Mocase-Vía Campesina, integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y apuntan: “Si se respetaran los derechos de los antiguos pobladores de estas tierras, este indiscriminado avance sería muy difícil de llevar adelante. La complicidad de gran parte del Sistema Judicial, desde sus principales actores hasta los auxiliares de justicia, hacen imposible impartir objetivamente justicia”.
Santiago del Estero -con presencia de los pueblos Tonocoté, Vilela, Lule, Diaguita y Gauycurú- encabeza la lista de desmonte: 515.228 hectáreas en los últimos cuatro años, lo que significa un 71,61 por ciento más que entre 1998 y 2002, según dato de Medio Ambiente. No es casualidad que el Mocase, conformado por 9.000 familias que producen para la subsistencia, enfrente 212 conflictos en toda la provincia, todos casos donde los indígenas y campesinos son denunciados de usurpación de propiedad privada, amenazas, resistencia a la autoridad, desobediencia, daños y hurto forestal. Todos “delitos cometidos” en las propias posesiones ancestrales de los acusados. La cantidad de tierras en conflictos tiene un piso: tres millones de hectáreas.
Desde el Movimiento Campesino Indígena remarcan que el principal problema no es la falta de titularización de las tierras ancestrales, “sino el modelo agropecuario, origen de los desalojos, la represión y el empobrecimiento de las tierras”. Denuncian la imposición de un modelo basado en la exportación y la producción intensiva, de altos insumos y que cada vez produce mayor concentración. En Argentina, según el último censo agropecuario, el diez por ciento de las denominadas “explotaciones agropecuarias” más grandes concentran el 78 por ciento de las tierras, mientras que el 60 por ciento de las fincas más pequeñas se reparte apenas el cinco por ciento de la superficie cultivable del país.
“El modelo agrario vigente genera muchos ingresos en divisa, gran parte queda en manos de los terratenientes y un porcentaje queda en el Gobierno a través de las retenciones a las exportaciones. Las elites del agro lo promocionan como un modelo muy desarrollado y eficiente, sin embargo la otra cara de esta forma de producir es la represión para desalojar campesinos e indígenas, una gran contaminación del medio ambiente, alta degradación de los suelos, alta dependencia externa por los insumos, y una gran deuda social ya que la producción de alimentos para los argentinos queda relegada y se prioriza la exportación, logrando una escasa distribución de los ingresos”, denuncian desde el MNCI.

Pasteras, pinos y muertes
Misiones cuenta con tres actividades que chocan con comunidades indígenas, campesinos y ambientalistas: tres plantas de celulosa (Puerto Piray, Papel Misionero y Alto Paraná), emprendimientos turísticos que avanzan sobre territorios ancestrales y dos represas (una ya construida –-Yaciretá, en Corrientes, pero que anegó áreas en Posadas y obligó a masivas relocalizaciones- y otra planificada, Corpus, que fue rechazada por el 80 por ciento de los misioneros en una consulta popular, en 1996, pero aún sigue en carpeta del gobierno provincial). De la mano de las pasteras también llegó el monocultivo de pino (la materia prima), las madereras, la concentración de tierras y, al mismo tiempo, los conflictos con pueblos originarios y poblaciones rurales. Página/12 contabilizó en Misiones quince casos, que involucran casi 90 mil hectáreas y tienen como contrapartes a privados, aserraderos subsidiarios de las papeleras, el estado provincial y hasta la Universidad Nacional de La Plata, que ostenta un título de propiedad por 6.144 hectáreas, pero donde hace 150 años viven comunidades del Pueblo Mbya Guaraní.
La historia de concentración de tierras de Misiones comenzó en 1881, antes que sea provincia, cuando su superficie fue repartida entre 30 familias. Entre fines del siglo XIX y principios del XX, el Estado impulsó la colonización del sur y centro de la provincia. Y durante gran parte del siglo pasado creció al abrigo de la actividad agropecuaria: yerba mate, té y tabaco. Había grandes plantaciones, pero también subsistía el pequeño colono que, una vez cosechado, comercializaba su producción. Esa historia comenzó a cambiar hace tres décadas, y por dos factores: la desregulación en la producción (el Estado cedió lugar antes las grandes empresas, los colonos perdieron primero mercados, luego sus chacras y tuvieron que emigrar a los cordones urbanos) y, por otro lado, la provincia cambió el perfil productivo: dejó de lado la actividad agropecuaria e impulsó -con leyes blandas, desgravación impositiva y subsidios generosos- los negocios forestales: madereras y plantas de celulosa fueron las beneficiadas directas. Ambas actividades denunciadas por su efecto sobre el medio ambiente, las condiciones laborales de sus trabajadores y el desalojo de pobladores ancestrales.
El último Censo Nacional Agropecuario de la provincia confirma la concentración: existen 27.000 explotaciones agropecuarias. Sólo 161 de ellas (el 0,6 por ciento del total) poseen el 44 por ciento de la tierra de Misiones (917.000 hectáreas). El mismo estudio afirma que, en la última década y en la zona de Alto Paraná, descendió un 27 por ciento la cantidad de pequeñas chacras. “La producción forestal artificial nos pone frente a un modelo de monocultivo y concentración. Con su lógica demaximización del beneficio en el menor plazo posible, el sector forestal no respeta las normas de preservación, produce despoblación de las zonas y exterminio de gran parte de los recursos naturales”, afirman desde el Foro de la Tierra.
Ilustrativo es el caso de la Papelera Alto Paraná: propietaria del diez por ciento del suelo provincial, 233 mil hectáreas. Caso emblemático es el municipio de Puerto Piray, donde la compañía es dueña del 62,5 por ciento de la tierra: de las 36.000 hectáreas del municipio, la empresa posee 22.500.

Hace exactamente un año, los guaraníes misioneros habían sido noticia por la muerte de niños: en dos meses se habían sucedido quince fallecimientos del pueblo Mbya Guaraní, sobre una población total de cuatro mil personas, lo que hacía trepar la mortalidad infantil a índices récord. Denunciaban como causas la ausencia de política aborigen integral y, justamente, la falta de territorios. “Es una tragedia cotidiana que está íntimamente ligada a la pérdida de tierras. No es casual que empezamos a morir a partir de la pérdida de nuestros espacios de la mano de las madereras y papeleras. Si hay 30 familias sobreviviendo amontonadas en 30 hectáreas, no hace falta ser médico para saber que no podrán tener alimentos ni las medicinas naturales que hacen a nuestra forma de vida”, explicó Hilario Moreira, integrante de la Organización de Comunidades Mbya Guaraní (OCMG), que agrupa a 30 de las 75 comunidades aborígenes de Misiones. También explicaban que la pérdida de sus territorios les implicaba elabandono de sus prácticas culturales, productivas y la modificación de su vida comunitaria, provocando un brusco cambio de su hábito alimentario tradicional, en gran parte sustituido por asistenciales bolsones de comida.
Luego del escándalo por las muertes de los niños, la Dirección de Asuntos Guaraníes (dependiente del gobierno provincial) no volvió a publicar cifras al respecto. Las comunidades aseguran que subsisten dos males: el despojo de sus tierras y la muerte de niños.

Históricas demandas, con mayor conflictividad
El Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST) llama “ocupación” a la acción organizada de asentar familias en fincas improductivas. Luego de desalojos, el Movimiento Campesino Indígena practica desde hace años las “retomas” y tiene entre sus objetivos a corto plazo la “toma” de chacras. El Pueblo Mapuche llama “recuperar” a volver a vivir en sus tierras ancestrales: Atilio Curiñanco y Rosa Rúa Nahuelquir recuperaron 565 hectáreas en plena estancia Benetton. La Comunidad Takul-Chewke recuperó 625 hectáreas en el patio del más lujoso hotel de Bariloche. El Consejo Asesor Indígena (CAI) ya recuperó, en los últimos años, 150 mil hectáreas en Río Negro. “Tenemos la decisión de ir recuperando lo que legítimamente nos pertenece”, resumió Chacho Liempe, referente mapuche del CAI.
Desde el Grupo de Ecología Política, Comunidad y Derechos (Gepcyd) del Instituto Gino Germani advierten que, así como la conflictividad social de los años noventa estuvo mayormente visibilizada por las luchas urbanas, desde el ámbito rural se afianzan organizaciones, comunidades y luchas que aportan viejos actores sociales, pero ahora fortalecidos y enarbolando históricas demandas.
Aunque con otras palabras, desde los territorios ancestrales parecieran coincidir. “El saqueo se da por los bienes naturales, y ahí campesinos, indígenas y poblaciones rurales nos estamos organizando y estamos dando esa disputa. Nos han desalojado pero hemos vuelto a tomar el campo, por el simple ejercicio del derecho. No hemos esperado que un juez nos devuelva la tierra. Nos hemos organizado, hemos ido y retomado la tierra”, advierten los Sin Tierra de Mendoza. En la Patagonia, los Mapuche-Tehuelche de la 11 de Octubre avisan: “En la medida que tomamos conciencia de nuestros derechos y recuperamos nuestra historia, vamos a multiplicar los conflictos. Es un planteo político e ideológico de todo un gran sector de lucha que no tiene vinculación partidaria, que no fue cooptado y que va a recuperar lo que le corresponde”
Chaco: Deforestación, soja y desnutrición
El Chaco fue noticia las últimas semanas por la muerte de al menos quince personas, del Pueblo Toba, por desnutrición y enfermedades evitables con atención primaria de salud. Los tres pueblos indígenas de la provincia (Toba, Wichí y Mocoví) también vinculan los fallecimientos a la falta de tierras y los desmontes: sólo doce conflictos relevados involucran 523.405 hectáreas, y tienen como contraparte al estado provincial.
Sobre diez millones de hectáreas que tiene la provincia, contaba con 3,5 millones de hectáreas fiscales, casi su totalidad en los departamentos de Almirante Brown y Güemes, El Impenetrable chaqueño. Según un estudio del Foro Multisectorial por la Tierra, entre 1995 y 2005, los sucesivos gobiernos provinciales vendieron (“utilizando como pantalla la creación de reservas naturales”) 1,7 millones de hectáreas (el 49 por ciento de las tierras fiscales). En ese mismo periodo, datos del Censo Nacional Agropecuario confirma la concentración: las explotaciones de más de 1.000 hectáreas representaban el ocho por ciento del total. En 2002, venta de espacios fiscales mediante, pasaron a representar el 56 por ciento del total, en su mayoría para siembra de soja. El Centro de Derechos Humanos Nelson Mandela va más allá: denuncia que sólo quedan 490 mil hectáreas de selva chaqueña.
Además de la concentración de tierras, el corrimiento de la frontera agropecuaria, la pérdida de bosques nativos en detrimento de territorios indígenas, el Foro chaqueño remarca el “vaciamiento del campo”: a mediados de siglo la población rural provincial representaba el 70 por ciento, en 1991 había descendido al 28,5 por ciento, y en 2001 sólo representaba el 16,5 por ciento.

Mendoza: Negar indígenas y expulsar campesinos
Mendoza es bien conocida por sus vinos y sus atractivos turísticos. Pero no es tan difundida su realidad indígena y rural: el 60 por ciento de la población rural está por debajo de la línea de pobreza, el 22,6 por ciento es indigente y el 66 por ciento de los trabajos son precarios. Todo según el relevamiento oficial “Condiciones de vida de los hogares rurales”, de la Dirección de Estudios e Investigaciones Económicas (DEIE). Además, hasta fines de los ’70 se negó oficialmente que en la provincia subsistan pueblos originarios. El discurso oficial aseguraba que el Pueblo Huarpe, que se asentaba en lo que hoy es la ciudad capital, había emigrado hacia Chile a los yacimientos mineros. Recién a fines de los ´90 el Estado reconoció la existencia de comunidades Huarpes en el departamento de Lavalle, unas 4000 familias que hoy están en litigio (justamente con la provincia) por 760 mil hectáreas.
Desde los últimos años, Mendoza también se sumó a la lista de provincias donde empresarios impulsan desalojos de campesinos e indígenas con derechos de posesión. Con casi 5000 familias con posesión veinteañal, según un relevamiento de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST), existen conflictos en el norte de la provincia (focalizados en los departamentos de Lavalle, Santa Rosa, Tupungato y San Martín) y desde el año pasado se multiplican los desalojos violentos en el sur (San Rafael, Alvear y Malargüe).
“El actual tipo de cambio y las bajas retenciones a las exportaciones han revalorizado el precio de la tierra en Argentina. Además, el ‘boom de la soja’ y las forestales van desplazando a la ganadería desde el Litoral y La Pampa hacia esta provincia. Así, las empresas, donde también están las mineras, intentan por todos los medios apropiarse de tierras y agua, comprando, fraguando títulos, usurpando, y prometiendo un progreso y empleo que son mentiras”, explican los Sin Tierra de Mendoza.
En el informe “Una tierra para todos”, de la Conferencia Episcopal Argentina de 2006, se remarca que Mendoza es la principal provincia en concentración de tierras: el diez por ciento de las explotaciones agropecuarias monopoliza el 96 por ciento de la tierra provincial. A esto se suma que, según el Censo Nacional Agropecuario de 2002, el 50 por ciento de las propiedades con “derecho a riego” están abandonadas o improductivas (sólo el tres por ciento de la tierra mendocina cuenta con “derecho de riego” –-agua en cantidad suficiente para desarrollar la agricultura-, legislada por una ley provincial de 1884, cuando se determinó qué zonas tendrían agua: fueron beneficiadas las pertenecientes a los grandes propietarios de la época. En 123 años, esa norma, y esa zona de riego, no fueron modificadas).
“Ocho de cada diez familias no pueden producir por no contar con agua. Por eso impulsamos retomar fincas improductivas, para que los campesinos no tengan que irse a la ciudad. Sólo en la última década, 200 mil familias del país sufrieron ese destino”, resaltan desde la organización, que creó un proyecto de ley que declara la función social de la tierra.
En El Nihuil, una zona turística en el sur provincial (departamento de San Rafael), en enero último comenzó la represión a medio centenar de históricos habitantes del lugar (todos ellos con posesión mayor a treinta años), casi 20 mil hectáreas. La misma metodología que en otras provincias: empresarios se presentaron como dueños, no exhibieron títulos y exigieron que abandonen el lugar. Comenzaron a alambrar campos, cerrar caminos y tranqueras, cortar las aguadas, y les exigieron entregar regularmente animales mientras no abandonen la zona (a forma de pago por derecho de pastoreo). Ruperta Arenas de González, de 78 años y con cinco décadas de vida en el lugar, fue el caso testigo: le tiraron abajo la casa, le robaron los muebles y mataron animales. Su esposo, “Don González”, como todos lo conocían, falleció. “Creyó que habíamos perdido nuestra tierra, y murió de pena”, lamentó la viuda.

Ficha
En Chaco se relevaron sólo doce casos, con 523.405 hectáreas. Formosa dos casos, con 70 mil. Mendoza 13 casos (que incluyen campesinos con ascendencia indígena) por 1,1 millón. Buenos Aires cuatro casos, con 501 hectáreas. Y La Pampa con dos casos, que involucran 45 mil hectáreas. El mapeo cuantitativo de conflictos no abarca la totalidad de casos existentes. Además, de los 397 casos relevados, en 83 de ellos no se pudo precisar la cantidad de tierras, por lo cual 8,6 millones de hectáreas es sólo un piso. Al respecto, todos los consultados (comunidades indígenas, abogados especializados en la temática, foros de la tierra y espacios multisectoriales) afirmaron que existen entre el doble y el triple de casos de los que llegan a los medios de comunicación y juzgados (y que fueron la base para este informe). De agregarse los casos de provincias con alta presencia indígena (como Santa Fe y Tucumán), los datos serían de otra envergadura, que crecerían de forma exponencial de sumarse los conflictos campesinos (muchos de ellos con ascendencia indígena), donde provincias como Córdoba, San Luis, La Rioja, Formosa y Corrientes aportarían gran cantidad de casos.

Leyes que no se cumplen
El artículo 75, inciso 17, de la Constitución Nacional. El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (que en Argentina tienen rango constitucional). Y constituciones provinciales. Son sólo algunas de las legislaciones que reconocen la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas, garantizan el respeto a su identidad, derecho a una educación bilingüe e intercultural, aseguran la participación en la gestión referida a los recursos naturales y que reconocen la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan. “Las leyes se leen bien, pero están bien lejos de cumplirse como corresponde”, advierte Chacho Liempe, mapuche del Consejo Asesor Indígena.
El 1 de noviembre de 2006, el Congreso sancionó la ley 26.160, que declara por cuatro años la “emergencia en materia y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas”. La norma, suspende los desalojos y compromete al Estado a realizar un relevamiento técnico, jurídico y catastral para otorgar la tenencia definitiva de las tierras ocupadas ancestralmente. “La ley es un piso para el derecho de los pueblos indígenas, pero hay dos cuestiones de aplicabilidad: el Gobierno debiera difundir la ley y capacitar a los jueces para que la apliquen. Eso no se está realizando y perjudica directamente a las comunidades. Por otro lado, el relevamiento catastral está muy atrasado, ya se perdió casi un año. Y esa es otra gran falla del Gobierno, en este caso personificado en el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI)”, explicó el abogado Julio García, especializado en derecho indígena. www.ecoportal.net

Fuentes:
Adrián Moyano, Asociación Amigos del Aborigen, Asociación Ranquel Willi kalkin, Censo Nacional Agropecuario, Chris Van Dam, Comunidad Epu Bafkeh, Comunidad Lonko Purán, Comunidad Takul-Chewke, Comunidad Unidas del Molinos (CUM), Consejo Asesor Indígena (CAI), Eduardo Hualpa, Elena Picasso, Encuentro Calchaquí, Endepa, Enrique Alejandro Oyharzabal Castro, Federación India, Fogón Andino, Foro de la Tierra de Misiones, Foro Salteño por la Tierra, Gajat, Foro Multisectorial por la Tierra del Chaco, Grupo de Ecología Política, Comunidad y Derechos (Gepcyd), Gustavo Macayo, Incupo, Indymedia Argentina (Pueblos Originarios), Julio García, JUM, Mesa Campesina del Norte Neuquino, Mesa de Tierras de Santa Fe, Movimiento Campesino de Santiago del Estero – Vía Campesina (Mocase-VC), Movimiento Malut, Movimiento Nacional Campesino Indígenas (MNCI), No a la Mina (Esquel), Observatorio de Tierras del Chaco, Organización de Comunidades Mbya Guaraní (OCMG), Organización Mapuche-Tehulche 11 de Octubre, Radio Alas (El Bolsón), Raúl Gorriti, Red Agroforestal del Chaco, Red de Comunicación Indígena (RCI), Red Puna, Rodrigo Solá, Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST), Vasco Baigorri y archivo personal.

p>











¿Quién era Arbolito?

Va la historia de Arbolito, vindicador de los Ranqueles, vengador de su raza y justiciero del Coronel Rauch. Desde hace tiempo venimos hablando en el programa que muchos de los nombres de ciudades, calles y plazas recuerdan a siniestros personajes. Ya es hora de cambiarlos y comenzar a recordar a quienes fueron protagonistas de la Historia, pero sucumbieron ante la violencia de siempre de los poderosos.

Relato del historiador Osvaldo Bayer.
“En el año 1826, el gobierno de Bernardino Rivadavia, contrató al oficial prusiano Rauch, nada menos que para matar indios, su misión era limpiar la pampa bonaerense de los ranqueles, esos hermosos indios que poblaban estas zonas con absoluta libertad.

Bien, este oficial prusiano comenzó la liquidación de estos indios, y se guardan sus partes militares que hablan de su profunda sabiduría. Por ejemplo, dice que los indios ranqueles no tienen salvación porque no tienen sentido de la propiedad, también señalaba que los indios ranqueles eran anarquistas, así tal cual.Bien, él se adelantaba, era un oficial prusiano muy valiente, se adelantaba a sus tropas 200 metros por lo menos blandiendo su espada y se encontró con la horma de su zapato, porque después de haber escrito un parte donde decía “hoy hemos ahorrado balas, degollamos a 27 ranqueles”, un indio joven, apuesto, alto de pelo largo, al que llamaban “Arbolito” lo estuvo esperando en una hondonada, y cuando pasó este coronel a toda velocidad en su corcel, se le fue detrás, le boleó el caballo, cayó el militar europeo, y el indio Arbolito cometió el sacrilegio de cortarle la cabeza. Así vengaba a tantos de sus compañeros de las pampas.

La Ciudad de Buenos Aires recibió con toda pompa el cadáver del militar europeo muerto de esa manera. Señalan los historiadores que fueron las exequias más ricas de todo ese período argentino.

Arbolito se perdió en la inmensidad de las pampas, ya nadie lo recuerda. La ciudad donde ocurrieron los hechos se llama hoy Coronel Rauch, y muchas calles recuerdan al oficial prusiano, pero ninguna a ese héroe de las pampas… el querido Arbolito”.
Osvaldo Bayer

Aquí nosotros lo recordamos a Arbolito. Tiene un lugar en nuestra memoria. Reservale un espacio en la tuya.

Nuestra sociedad los discrimina, les roba y los mata

Nuestra sociedad los discrimina, les roba y los mata
Niñas guaraníes

Las voces del silencio: breve historia de los Pueblos Originarios en la Argentina



>Las voces del silencio - Breve historia de los pueblos aborígenes en la Argentina

La historia de los pueblos originarios ha sido callada durante mucho tiempo. Y quienes escribieron sobre ella a menudo fue gente que la tergiversó para justificar el ataque o la discriminación. Así, se pintó a los aborígenes como salvajes, sanguinarios, malvados o tontos; de esta manera la gente podía creer que estaba bien sacarles la tierra, esclavizarlos o matarlos. O que era correcto y natural obligarlos a vivir de una forma contraria a sus costumbres y deseos.

Esta historia son muchas historias. A partir de ellas podrá entenderse no sólo qué pasó con cada pueblo originario, sino en general con la Argentina y su gente.

Pueden ser difíciles de reconstruir, porque a veces la memoria se perdió o fue escondida, o no se han encontrado todavía registros y datos suficientes. Pero otras veces, los relatos transmitidos de padres a hijos o la investigación nos ayudan a conocerlas.

Cada una de ellas merece un espacio mucho mayor que estas páginas. Por eso, aspiramos a que cada pueblo originario, con el conocimiento que haya reunido, pueda contar en el futuro su propia historia. Aquí sólo trataremos de mostrar, muy brevemente, el marco general y algunos aspectos importantes.

Los aborígenes como imagen de peligro
Muchas personas sólo conocen una imagen deformada de los aborígenes. En gran medida, esta se transmite a través de los libros de historia o los medios de comunicación. Así sucede con las películas donde aparecen los indios como una amenaza, un peligro a ser controlado, no como gente respetable, con su forma de vivir y pensar, sus derechos y sentimientos.

La conquista española
Territorios indígenas a mediados del siglo XVI
Los españoles llegaron al actual territorio argentino por distintos lugares: deseaban conquistar la tierra, extraer riquezas, y para ello debían dominar y hacer trabajar a sus habitantes.

Por eso es que hubo mucha resistencia a los conquistadores: ellos no pretendían convivir en paz e igualdad con los pueblos que aquí vivían desde hacía casi diez mil años.

Algunos que vivían en los lugares donde se fundaron las nuevas ciudades o asentamientos, resultaron conquistados y frecuentemente exterminados. Otros debieron retirarse a zonas más alejadas o de difícil acceso, y mantuvieron una guerra de resistencia a la conquista que incluso continuó después de la caída del dominio español en América. Por último, otros pueblos más alejados no tuvieron casi contacto con los españoles (este es el caso de los ona y yagán, en Tierra del Fuego).

El resultado de la conquista fue una gran mortandad entre los aborígenes. Las causas principales fueron las guerras, el agotamiento y desnutrición en el trabajo forzado, y las enfermedades contagiadas por los españoles.

La encomienda
Los reyes de España otorgaban a cada colonizador que se destacaba en la conquista una porción de territorio americano, junto con los aborígenes que allí vivían. Debían trabajar en su provecho, a menudo prácticamente como esclavos, aunque supuestamente la encomienda implicaba que el encomendero debía "protegerlos", además de convertirlos a la religión católica. Esta organización se dio en algunos sectores de la Argentina, como en el Noroeste y parte de Cuyo.

El territorio español en la época colonial
Hasta fines del período colonial, la mayor parte del territorio argentino actual era ajeno al dominio español.

Es necesario aclarar un engaño que los mapas producen. Estos suelen mostrar que los españoles poseían un territorio grande. Pero lo que no nos permite saber el diseño de esos mapas es que en una parte muy importante de este territorio los españoles no poseían un dominio real. Durante muchos años ellos sólo tuvieron enclaves, áreas pequeñas o ciudades fortificadas, y en el resto del territorio que los rodeaba disputaban el control con grupos aborígenes.

Las misiones
Pero los españoles no solamente les hicieron la guerra a los aborígenes. Entre ellos había muchas discusiones y diferentes opiniones sobre cómo tratarlos. Así, surgieron también organizaciones que, si bien tenían como objetivo colonizarlos y a menudo colaboraron con este fin, también propiciaron experiencias de integración pacífica.

Las misiones eran establecimientos de órdenes religiosas de la Iglesia Católica, cuyo objetivo fundamental era evangelizar a los pueblos originarios, es decir convertirlos al cristianismo. Además, en ellas se procuraba agrupar a los aborígenes en un sitio fijo, educarlos en los conocimientos de los europeos, y acostumbrarlos a la disciplina y técnicas del trabajo occidental.

Esta acción educativa y disciplinaria de las misiones tuvo un doble papel: por un lado, la colaboración en algunos aspectos con los objetivos de la conquista; por el otro, la parcial protección a los pueblos originarios respecto de la violencia militar típica de los conquistadores. Las misiones, entonces, mitigaron la voracidad de quienes sólo querían esclavizarlos, sin que les importaran sus vidas. Sin embargo, también ellas se beneficiaban del trabajo aborigen, y en muchos casos contribuyeron a sujetar por la vía pacífica a aquellos grupos no sometidos por la fuerza militar.

Como una consecuencia menos inmediata de su paso por las misiones, la experiencia de los aborígenes en las mismas produjo importantes transformaciones culturales entre algunos grupos. Muchas lenguas americanas fueron volcadas a la palabra escrita, y se compusieron varios diccionarios y catecismos en idiomas originarios, cuya finalidad era facilitar la evangelización.

El período independentista
A principios del siglo XIX, hacia la época de la independencia, la mayor parte del actual territorio argentino estaba en manos de grupos aborígenes. En lo que hoy es Chaco, Formosa, Misiones, la mayor parte de la provincia de Buenos Aires y Mendoza, La Pampa, San Luis y toda el área de la Patagonia, vivían sociedades aborígenes que se habían configurado paralelamente al proceso de colonización.

Al igual que cualquier pueblo, estos grupos no se habían mantenido idénticos. Por el contrario, algunos habían tenido cambios muy importantes en su organización social, cultura y economía. Había seminómadas y sedentarios, pastores y agricultores, recolectores y cazadores. Muchos de ellos, además, practicaban la ganadería a gran escala, comerciaban entre sí y con los criollos y participaban en las guerras internas y externas que se libraban en el país.

Sin embargo, en general trataban de preservar su autonomía frente a los criollos y sus gobiernos. Habiendo sido perseguidos durante siglos, debían cuidarse de los blancos. Algunos, como los mapuche, rankulche y tehuelche poseían mucha habilidad para el manejo del caballo, que era una de las principales armas en la guerra (al igual que para los blancos). Esto, sumado a su conocimiento del terreno y el manejo del espacio, les daba una gran capacidad de movimiento y los hacía más difíciles de atacar. Así, el poder de algunos pueblos indígenas les permitía controlar su territorio, sin que los criollos se atrevieran a dominarlos.

La integración de los aborígenes a la Nación Argentina
Desde la etapa de la independencia se habían escuchado voces que, con distinto énfasis, abogaban por el reconocimiento de los pueblos indígenas.

Pero aunque la Asamblea del año 1813 había abolido el tributo, la encomienda y otras cargas que pesaban sobre los aborígenes, entre quienes gobernaban no había una única opinión respecto del papel que a estos les cabía en el proyecto nacional. A lo largo del siglo, muchos consideraron que no debían ser incorporados como ciudadanos, sino que eran sólo un enemigo, un estorbo al que había que expulsar o matar. Otros -los menos- creyeron que era mejor y posible que los pueblos aborígenes tuvieran su lugar en la sociedad argentina y se integraran en pie de igualdad con los criollos. Entre las personas que propugnaban diferentes formas de integración de los aborígenes en el Estado argentino se encontraban, por ejemplo, Castelli, Belgrano, San Martín, Artigas y el coronel Pedro Andrés García. Aunque su visión del papel que los indígenas debían cumplir en el proyecto independentista estaba preñada de contradicciones, muchas propuestas eran novedosas: incluían desde la eliminación de las cargas coloniales y la realización de tratados duraderos, hasta la alianza político-militar y la instauración de una monarquía que restituyera la dinastía incaica como gobierno legítimo de las Provincias Unidas del Sur y el Alto Perú.

Por su parte, los pueblos aborígenes que estaban más en contacto con los criollos no mostraban voluntad de hacer la guerra sino cuando percibían que el gobierno no tenía intención de respetar los tratados o continuaba planes de exterminio u ocupación de su territorio. También era muy común que los gobiernos firmaran acuerdos de paz con algunos grupos cuando no tenían suficiente poder militar, y los rompieran apenas recuperaban su capacidad de ataque. En esta época, entonces, entre aborígenes y criollos había una mezcla de guerra permanente y paz precaria.

La actitud del hombre fuerte de Buenos Aires en el período de las guerras civiles e interprovinciales hacia el segundo cuarto de siglo, Juan Manuel de Rosas, es un ejemplo de esta conducta ambivalente.

Por un lado, sobre la base de su relación personal con algunos líderes y el prestigio que entre los aborígenes despertaba su figura, tejió pactos de amistad con varios grupos pampeanos. Sin embargo, fue también responsable de algunos de los episodios más trágicos que los tuvieron como víctimas. Entre estos cabe destacar la realización de la primera Campaña al Desierto, en 1833.

En esta vasta expedición militar, destinada a correr hacia el sur a los pueblos de las áreas pampeana, cuyana y patagónica, murieron miles de aborígenes. Realizada después de varios años de hostigamiento, es el primer paso firme en la estrategia oficial que desde entonces parece haber primado con respecto a los aborígenes: la guerra ofensiva, el exterminio. Años más tarde, el general Julio Argentino Roca evocará este antecedente para justificar su proyecto de conquista, que se consumaría con la llamada Conquista del Desierto:

"A mi juicio, el mejor sistema para concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del Río Negro, es el de la guerra ofensiva que fue seguida por Rosas, que casi concluyó con ellos..."

La consolidación del Estado argentino
Durante el siglo XIX se habían fortalecido numerosos grupos aborígenes, y había en la Argentina dos áreas muy grandes, que constituían territorio indígena libre. Una de ellas abarcaba desde la mitad de la provincia de Buenos Aires hasta Tierra del Fuego, y en algunas partes llegaba desde el Atlántico hasta el Pacífico (en lo que hoy es Chile), incluyendo la Cordillera de los Andes. La otra incluía las actuales provincias del Chaco, Formosa y parte de Salta

En la segunda mitad del siglo XIX el gobierno argentino, impulsado por los grandes propietarios de tierras, comenzó a hostigar cada vez con mayor fuerza a los pueblos que allí vivían. El objetivo principal era ocupar sus tierras para usarlas en la ganadería. Finalmente triunfaron las ideas de aquellos que pensaban que era mejor expulsar o exterminar a los aborígenes. Lo que no habían realizado los españoles, lo hace el Estado nacional argentino: conquistar los territorios indígenas libres.

El malón
Es muy común hallar en los libros de historia y en la literatura argentina descripciones de los malones como matanzas crueles y sin sentido, llevadas a cabo por los aborígenes contra criollos indefensos. Pero el malón no era diferente, en cuanto a la violencia utilizada, de las "entradas" o "malocas", los ataques de exterminio y robo que desde la época colonial llevaban a cabo criollos o españoles contra asentamientos aborígenes.

Veamos por qué los aborígenes consideraban que era legítimo sacar ganado del territorio que ocupaban los blancos. En la segunda mitad del siglo XIX, el coronel Lucio V. Mansilla relata el siguiente diálogo con un importante jefe aborigen, Mariano Rosas, en su libro Una excursión a los indios ranqueles:

"Me preguntó que con qué derecho habíamos ocupado el Río Quinto; dijo que esas tierras habían sido siempre de los indios (...); agregó que no contentos con eso todavía los cristianos querían acopiar (fue la palabra de que se valió) más tierra. (...)

'Yo les pregunto a ustedes, ¿con qué derecho nos invaden para acopiar ganados?'

'No es lo mismo -me interrumpieron varios-, nosotros no sabemos trabajar; nadie nos ha enseñado a hacerlo como a los cristianos, somos pobres, tenemos que ir a malón para vivir.'

'Pero ustedes roban lo ajeno -les dije-, porque las vacas los caballos, las yeguas, las ovejas que se traen no son de ustedes.'

'Y ustedes los cristianos -me contestaron- nos roban la tierra.'"

La "Conquista del Desierto" o el "Gran Malón Blanco"
En el área de la llanura pampeana y la Patagonia habitaban grupos que tenían numerosos contactos con los criollos, pero mantenían su libertad: eran los rankulche, pehuenche, tehuelche y mapuche. Los mapuche, incluso, habitaban hasta la costa del Pacífico en lo que hoy es territorio chileno.

Aunque mantenían rivalidades entre sí, estos pueblos habían llegado a organizarse en confederaciones, con jefes y ejércitos, y su comercio con los blancos era muy importante. Tenían gran poder y riqueza, y entre ellos vivían numerosos criollos que habían preferido integrarse con ellos y no con los "cristianos". Algunas costumbres en parte se habían asimilado a las de estos últimos, y ciertos aborígenes solían usar las mismas ropas y herramientas y consumían las mismas mercaderías que los criollos. Había varios que hablaban perfectamente el castellano o dormían en camas. Los líderes más importantes, como Calfucurá, de la Confederación de Salinas Grandes, o Sayhueque, jefe de los mapuche del "País de las Manzanas", en el actual Neuquén, tenían secretarios, escribientes y sellos con su firma, o a veces instalaciones ganaderas similares a las de las estancias de los blancos. También recibían diarios y mantenían correspondencia con el Presidente.

Muchas personalidades políticas e intelectuales de la época aún consideraban posible la integración de estos grupos por la vía pacífica y la negociación de diferencias políticas; los mismos aborígenes a menudo planteaban su deseo de acordar formas de convivencia, incluso al precio de resignar parte de sus tierras y autonomía.

Un hecho central que amparaba y obligaba a la realización de estos esfuerzos es que la propia Constitución Argentina de 1853, al reconocer como legítimos los pactos preexistentes, reconoció también los tratados anteriores realizados con los pueblos indígenas.

Pero las extensas tierras de los pueblos indígenas, algunas de las mejores del país, eran acechadas por los estancieros de Buenos Aires, que tenían gran poder político y control ideológico sobre el aparato militar.

Luego de lograr la sanción de leyes favorables en el Congreso, en 1879 el general J. A. Roca realiza la mayor campaña militar, trasponiendo las fronteras con los aborígenes para conquistar los territorios del centro y sur del país. Esta se efectúa después de varios años de un sostenido hostigamiento, y se continuará con dos campañas más entre 1881 y 1884.

El ejército nacional contaba con muchos soldados y el armamento más moderno de la época y fue financiado por los estancieros de Buenos Aires, quienes adelantaron dinero a cambio de la propiedad futura de la mayor parte de las tierras que serían conquistadas.

Aunque hacía unos años que los indígenas venían siendo hostigados y atacados, la Campaña del Desierto fue encarada prácticamente como una guerra de exterminio. Los pueblos atacados se defendieron con desesperación, pero el ejército mató a mucha gente, generalmente indefensa, y tomó una gran cantidad de prisioneros. A estos se los encarceló, se los "entregó" como sirvientes y trabajadores forzados, o se los expulsó a terrenos estériles. Muchos lograron escapar y se mezclaron con poblaciones criollas, o viajaron errantes hasta que cesaron las persecuciones. Esto es lo que los militares y terratenientes argentinos llamaron "Conquista del Desierto" y los pueblos aborígenes "Gran Malón Blanco".

Los territorios que habían ocupado se transformaron en tierras fiscales (del Estado) o fueron entregados a estancieros, jefes militares y soldados. Con el correr de los años, las propiedades chicas son vendidas a muy bajo precio a especuladores, hasta que unos pocos propietarios acumulan las tierras que habían pertenecido a algunos de los más importantes pueblos aborígenes de la Argentina. Este es el origen de las grandes estancias de la Patagonia y de muchas de las de la llanura pampeana. Gran parte de estos territorios han quedado abandonados hasta el día de hoy.

El proceso civilizatorio
En el último cuarto del siglo XVIII, el concepto hegemónico de Estado-nación se articulaba sobre ciertas premisas que terminaron por definir como una política de Estado en la Argentina el ataque a los indígenas.

Estas premisas, incluidas en lo que se entendía como el valor más alto que guiaba la acción del Estado -la civilización- indicaban por ejemplo que:

No podía haber territorios fuera del dominio del Estado, ya que el Estado nacional era la forma más alta de organización social. El Estado necesitaba incorporar dichos territorios para desarrollar el propio, y para evitar que estas sociedades consideradas "inferiores" amenazaran con provocar su disolución.
También era necesario, desde esta óptica, incorporar esas tierras para alcanzar el progreso. El progreso significaba fundamentalmente consolidar una economía de tipo capitalista integrada con el mercado mundial, y establecer un orden social que favoreciera el incremento indefinido de la producción y consumo de mercaderías. También suponía generalizar los valores culturales de las elites ilustradas europeas, vinculadas a los mismos sectores que desde las potencias de Europa del norte controlaban la economía occidental, incluida la americana. El progreso debía también eliminar formas de vida social consideradas "primitivas", es decir todas aquellas que se organizaran sobre bases económicas y culturales distintas de las europeas.
La fuerte influencia de estas ideas dio como resultado que se instalara en nuestro país entre los grupos de poder el imperativo de homogeneizar las diferencias culturales en el seno de la población argentina, sobre la base del modelo de ciudadano "civilizado": blanco, europeo, cristiano, hábil para la agricultura intensiva y el trabajo industrial.

Un "desierto" muy codiciado
Los criollos y militares argentinos llamaban "desierto" al territorio indígena de la llanura pampeana y la Patagonia. Sin embargo, esta área estaba poblada, y tenía tierras fértiles, cuyas pasturas eran capaces de alimentar gran cantidad de ganado.

Esta contradicción es evidente en el nombre "Conquista del Desierto" dado a las campañas militares: a un verdadero desierto no es necesario conquistarlo, ya que no hay nadie que viva en él.

Por eso, usar la palabra desierto encerraba una gran falsedad, pero no una mentira inocente. Era más bien un modo de justificar la conquista desde el punto de vista humanitario, con el simple trámite de negar la existencia de sus pobladores. Quedó así la argumentación paradójica de la necesidad de conquistar un territorio vacío.

Fronteras, civilización y barbarie
Entre 1853 y 1880 se dictan trece leyes vinculadas a los pueblos indígenas y las fronteras. Estas plasman un modelo de país que tiene como principal proyecto el avance territorial. La expansión sobre el área indígena comienza a argumentarse como legítima marcando a los pueblos aborígenes como sociedades inferiores que retardan y amenazan el camino de progreso imaginado para la nación. Por eso, en el discurso de la época, la frontera es imaginada como la línea o franja que divide la civilización de la barbarie, y se argumenta que es una misión de Estado desplazarla hasta que el territorio nacional sólo limite con el de otros Estados nacionales "civilizados". Así, el presidente Roca, luego de concretada la expedición al Chaco en 1885, afirma: "Quedan levantadas desde hoy las barreras absurdas que la barbarie nos oponía al norte como al Sud en nuestro propio territorio, y cuando se hable de fronteras en adelante se entenderá que nos referimos a las líneas que nos dividen de las Naciones vecinas, y no las que han sido entre nosotros sinónimos de sangre, de duelo, de inseguridad y de descrédito" (citado en Tratamiento de la cuestión indígena, Dirección de Información Parlamentaria, 1991).

La Campaña al Chaco
Paralelamente a estos hechos, se había desatado un plan militar muy parecido contra los grupos indígenas del área denominada Gran Chaco (actuales provincias del Chaco y Formosa). Desde 1870, luego de la guerra contra el Paraguay, comienzan a realizarse expediciones militares hacia la región chaqueña para debilitar a los pueblos originarios que resistían allí desde hacía siglos. Algunos, como los toba y wichí, habían comenzado a trabajar en obrajes madereros de los blancos, siguiendo un plan de "pacificación" (eufemismo por colonización) que no dio resultado. Los aborígenes veían que el objetivo era su sometimiento, y resistían a los destacamentos militares.

Así el gobierno comenzó a enviar, uno tras otro, ejércitos para desgastar a los grupos más fuertes.

Las expediciones son evitadas o rechazadas a veces, por la lucha de los pueblos o por las dificultades de la propia naturaleza. El monte espeso, las inundaciones, los bichos y alimañas venenosas provocan que los invasores se pierdan, se agoten, y a veces se retiren. La existencia de estos obstáculos no implica, sin embargo, que las tierras aborígenes fueran estériles. Por el contrario, gran parte de ellas ofrecían muy buenas posibilidades para la agricultura y la ganadería, y había en ellas importantes riquezas, como la madera. Los aborígenes, mientras tanto, vivían de la pesca en ríos y esteros, de la caza, y de la recolección de vegetales o productos naturales como la miel. El resultado final de las siete incursiones del ejército fue una grave mortandad entre los aborígenes.

En 1884 el ministro de Guerra, general Victorica, organiza la campaña más grande, que incluye buques de guerra que se cuelan por los ríos de la región chaqueña. Aunque no se logra consumar la conquista, a partir de allí se abre paso a un dominio militar del gobierno nacional que lentamente va sometiendo a los aborígenes que aún luchan. Finalmente, en 1899 se realiza otra ofensiva que termina de desbaratar la resistencia, quedando sólo algunos reductos que serán eliminados recién a principios del siglo xx.

La Puna a fines del siglo XIX: resistencia, derrota y despojo
"Durante el siglo XIX -afirma Martínez Sarasola- el Noroeste también es testigo de la lucha por la tierra. Los flamantes estados provinciales y sus oligarquías nacientes procuran obtener las otrora posesiones indígenas, que en muchos casos permanecen en situaciones legales confusas, herencia de la época colonial."

Según ese mismo autor, la introducción del sistema capitalista, los organismos provinciales de reciente creación y la aplicación de impuestos afectaron profundamente a comunidades enteras que vivían en las tierras codiciadas. Sin embargo, en 1872 los indígenas recuperaron parte de su territorio, ya que el gobierno de Jujuy declaró fiscales las tierras de Casabindo y Cochinoca, hasta ese momento en manos de terratenientes.

Estas circunstancias contribuyeron al fortalecimiento de las comunidades de la Puna, con el respaldo de grupos indígenas de Bolivia. De modo que para 1874 casi la mitad del territorio provincial estaba bajo el dominio indígena. Los terratenientes no toleraron ese avance y depusieron al gobernador Sánchez de Bustamante, que había considerado los derechos de las comunidades. Finalmente, en la batalla de Quera los indígenas fueron vencidos y muchos de ellos muertos o encarcelados.

Siglo XX, la conquista del trabajo. Ingenios, plantaciones, obrajes, estancias
Luego del sometimiento militar de los principales grupos con capacidad de mantener una resistencia armada, el siglo XX se caracteriza por la incorporación compulsiva de los aborígenes como mano de obra a distintos sectores de la economía. Esto incluso había sido uno de los objetivos centrales de las campañas militares. En el norte del país, especialmente, obrajes madereros, ingenios azucareros y plantaciones de algodón fueron instalados en tierras que eran de los aborígenes. También usaron la mano de obra indígena en condiciones de superexplotación para enriquecerse económicamente.

Las compañías de este tipo eran como pequeños países o grandes cárceles de las cuales no se podía salir sin permiso, y donde las condiciones de trabajo eran denigrantes. Generalmente los aborígenes no recibían salario, sino vales que sólo podían utilizar para comprar a precio altísimo, en el almacén de la propia compañía, las cosas que necesitaban para sobrevivir. Lo más frecuente era que los vales no alcanzaran para obtener las cosas básicas, y terminaban endeudándose con la compañía para poder vivir. Así, finalmente, la compañía podía obligarlos a trabajar para pagar su deuda, y al hacerlo seguían endeudándose cada vez más, acrecentando su dependencia.

En el sur, las comunidades habían sido disgregadas y las familias divididas y esparcidas en distintos puntos del país. Muchos habían muerto, otros fueron llevados a Buenos Aires donde eran encarcelados o repartidos como esclavos domésticos, entregados para trabajar en beneficio de algún estanciero, o enrolados en el ejército y la marina. Algunos pudieron volver a su tierra, pero la situación había cambiado. Había pueblos, ciudades, estancias, gente extraña. Ya no se podía cazar como antes, ni instalarse libremente en el campo. El único destino que se les permitió fue trabajar como peones de estancia en condiciones de sometimiento, o subsistir en los territorios yermos donde habían quedado confinados.












Guaraníes de hoy

Cuando uno vuelve a leer la historia oficial, en general se presenta a los distintos pueblos indígenas, los dueños de la tierra, como usando "taparrabos", recolectores de lo que puedan, una especie de vagos ignorantes y blasfemos. Así se ha ido formando o deformando el conocimiento de las culturas de nuestros Pueblos Originarios que hoy pelean por sobrevivir. Desde esta página tratamos de colaborar para revertir esa historia que por años los denigró.

De los distintos grupos guaraníes cainguá que hoy existen, los Mbyá fueron, como ya se dijo, los menos influidos por los Jesuitas y criollos.

Hoy los Mbyá viven en partes del Paraguay, del sur del Brasil y de la provincia argentina de Misiones. En ésta última son unos 2300, según datos de 1985, repartidos en treinta y cinco grupos. De éstos, dieciséis son estables y viven en tierras ajenas (del Estado o privadas), sin títulos de propiedad y por eso sin seguridad sobre cuánto podrán quedarse allí. En general están cerca de las rutas para vender más fácilmente sus artesanías, hacer compras e ir a hospitales. Los restantes Mbyá viven en zonas apartadas, separados en linajes de veinte o treinta personas, y tienen menos influencia de la sociedad criolla.

Los Mbyá de hoy ganan su vida dificultosamente y de distintas maneras. Pescan y cazan con arcos, trampas y armas de fuego, pero la destrucción de la selva hecha por los colonos blancos lleva a que cada vez más, se encuentren menos animales salvajes. Cultivan pequeñas chacritas con las mismas plantas que siempre, a las que ahora agregan otras como cebollas, ajos y otras hortalizas.

De sus artesanías, la cerámica se olvidó, sobre todo, hombres, mujeres y chicos hacen canastos para usar y especialmente para vender.

Algunos hombres se han especializado en hacer unas tallas de madera que representan animales, muy buenas y que llegan a los negocios de las ciudades. Estas ventas se hacen al Mercado de Artesanías provincial y a otras instituciones y grupos religiosos.

Además, muchos hombres se emplean como hacheros y jornaleros en las cosechas de fruta y otros trabajos del campo.
La lengua guaraní se mantiene y en los grupos que tienen escuelas los primeros grados se dictan en ese idioma, ya que los maestros lo hablan junto con el castellano. Pero usualmente estas escuelas rurales no tienen todos los grados, así que pocos terminan la primaria.

Hace mucho desaparecieron las grandes casas comunales y hoy viven en ranchitos: cada matrimonio trabaja por su cuenta en vez de juntamente con su linaje, como se hacía antes.

La difícil situación en que viven, al estar arrinconados en unas pocas tierras ajenas, con escasas posibilidades de agricultura y caza, y sin seguridad de no ser echados, hace que distintas enfermedades-tuberculosis-los ataquen desde muy chicos.
En materia religiosa, a conversos a religiones cristianas y otros, generalmente de más edad, que mantienen las creencias tradicionales..."

..."Se estima que antes de la llegada de los españoles a América, en lo que es hoy el territorio argentino, se hablaban unas 35 lenguas indígenas. Actualmente existen sólo doce agrupadas en cinco familias lingüísticas (Censabella, 1999): familia guaraní (lenguas chiriguano, mbyá y guaraní), familia guaycurú (lenguas toba, mocoví y pilagá), familia mataguaya (lenguas wichí, nivaclé y chorote), familia quichua (lengua quichua) y familia chon (lengua tehuelche)..."

Cacique José Quilchamal

Cacique José Quilchamal
Uno de los últimos tehuelches puros. Murió en los 90.

Los Tehuelches


Nadie que visite la Patagonia argentina podrá dejar de notarlo. El viento es un protagonista indiscutible del paisaje patagónico. Así lo supieron los Teuschen, uno de los cuatro pueblos Tehuelches que habitaban la costa Atlántica de la Patagonia central, allí, donde el viento patagónico hace sentir toda su fuerza.
Los Tehuelches ya no habitan estas tierras. Pero a pesar de las fuerzas del viento y de la civilización, nada pudo arrancar su legado. Koshkil, llamaban los Teuschen al vigoroso viento que desde la Cordillera de los Andes se escurre con fuerza entre mesetas, cerros y cañadones.
Y con su fuerza nos recuerda con paso orgulloso cuando ellos eran los dueños de la tierra.

Lola Loij en 1923. La última Ona.

Lola Loij en 1923. La última Ona.
Falleció en 1974. Con ella desapareció un pueblo ancestral masacrado por "los civilizadores"

Ona que nunca más estarás

Ona que nunca más estarás
cerca de la fogata
de la Tierra del Fuego;
tu flecha y tu dignidad
es ya alba remota.
Dentro de la piedra y el árbol
deseo escuchar tu grito.
Pero sé que tus huesos triturados
gimen en tumbas sin semillas.
Y en el bosque
tu nombre no ríe en la madera;
el arroyo y el cerro
no escuchan tus relatos antiguos.
El cóndor desde su camino de nubes,
no atisba tu choza y tus ritos
porque tú ya nunca más estarás.
En un ocaso que sudaba amargura
llegaron a tu isla los seres sin dios.
Tenían brazos que se extendían
y concluían en bocas de metal.
Bocas que escupieron sobre ti
los témpanos de hielo asesino
que mataron tu honra casi desnuda.
Y cerca, el guanaco y el cormorán
contemplaron el rostro
de tus chamanes y mujeres,
tus cazadores y guerreros
tiznados con la ceniza final de un fuego desvanecido.
Entonces, tus dioses y tus ancestros
se alejaron en un viento acribillado de fango y sangre.
Pero yo, a través del agua y la araucaria
quiero invocar el regreso de tu voz, extraña.
De magia.
Pero sé que ya nunca más
danzarás en el altar de tus dioses y antepasados,
ni escucharás los lenguajes
de los animales venerados.
En la noche de Luna, de Kra,
en la erupción diaria de Sol, Krren,
nunca más estarás.
Nunca más estarás
próximo a la cascada,
la nieve, el lago y el volcán.
Sin embargo,
a la gran isla que te alimentó
alguna vez deberé preguntarle
por qué el viento de la patagónica tierra
continúa repitiendo
las voces de tu pueblo.

Familia Yámana

Familia Yámana

Pueblos Originarios: enseñanazas de los Yámana a sus hijos

Casi desnudos, con hogares transitorios, pero con una sabiduría que no tenían sus conquistadores, los Yámana de Tierra del Fuego le enseñaban esto a sus hijos:

- Ante todo, nosotros, hombres y mujeres, debemos ser buenos y útiles a la comunidad.
- Cada cual debe tener autoridad sobre sí.
- Levántate temprano todas las mañanas, pues entonces estarás siempre dispuesto.
- Muéstrate respetuoso con las personas ancianas. Ayuda a los huérfanos. Lleva algo de comer a los enfermos.
- Cuando te cases, ayuda a tu mujer en todo.
- No te pongas a escuchar lo que hablan, tampoco curiosees acerca de los demás.
- Cuando alguno te diga palabras fuertes o te insulte, retírate. después habla a solas con aquél que te ofendió, cuando los dos estén tranquilos.
- No hurtes nada a nadie. Si te falta algo, pídelo a tu vecino.
- Piensa que los demás tienen tus mismos sentimientos.

Fuente: "Los aborígenes de la Argentina", Guillermo Magrassi, Editorial Galerna, Bs. As., 2005

Esta fue sólo la victoria en una batalla. Hay que continuar resistiendo el robo de tierras.

Esta fue sólo la victoria en una batalla. Hay que continuar resistiendo el robo de tierras.

PRONUNCIAMINETO DE LAS COMUNIDADES MAPUCHE

Reserva Mapuche Santa Rosa
Leleque- Cushamen
Provincia de Chubut, Patagonia
14 de Febrero de 2007


A los Pu peñi pu lamuen,
A los compañeros y amigos no mapuche,
A los hombres y mujeres de buena voluntad,
A las organizaciones de derechos humanos,
A los gobiernos nacional y provincial,
A quienes reciban este pronunciamiento en cualquier parte del mundo:

Las montañas de Leleque, el río Chubut, el viento perpetuo de este rincón del Wallmapu, territorio ancestral mapuche, son testigos de nuestro regreso a esta pequeña porción de la Mapu (tierra) jamás renunciada, siempre recordada.

Santa Rosa despierta en todos nosotros pertenecientes a diversos lofche (comunidades Mapuche) la búsqueda de la verdad histórica. Santa Rosa ha presenciado décadas de despojo, de violencia, de intolerancia, de usurpación, de desapariciones y de muerte. Los Futakecheyem (Antiguos) hombres y mujeres que pisaron libremente esta tierra hoy yacen en vitrinas de museos, sus instrumentos sagrados son piezas de exhibición, acallados por la fuerza hoy son trofeos de una cultura que destruye lo diferente: las ideas diferentes, filosofías, espiritualidades, ideologías, pueblos diferentes. Sin embargo, las pisadas de estos antiguos son huellas inspiradoras. Somos consecuencia de esas huellas. Seguimos siendo Mapuche y tenemos la responsabilidad y la necesidad de revelar la verdad histórica.

En el año 2002 una familia Mapuche intentó materializar su sueño en estas tierras. Esto no fue posible. El monstruo de la represión enseñó inmediatamente sus fauces. A pesar de todo siguieron soñando, hasta que esa razón se hizo colectiva y en este día retornamos a esta tierra para darnos una oportunidad de vida comunitaria.

A 90 kilómetros de Esquel, a 70 Km. de El Bolsón, la ruta 40 se convierte en una frontera entre dos lógicas: la comunitaria, donde una comunidad Mapuche con varias familias desarrolla su vida en 534 hectáreas y la de un solo empresario, Bennetton, que no habita allí y se adjudica el derecho de gobernar sobre 900.000 hectáreas.

Desde que nuestro pueblo fue usurpado territorialmente, los terratenientes han gozado de impunidad, de resguardo de sus bienes, de su “propiedad privada”. ¿La nieve es propiedad privada? ¿el viento es propiedad privada? ¿El río es propiedad privada? Mientras tanto nuestro pueblo fue perseguido, desalojado, asesinado, hacinado en los barrios mas pobres de las ciudades. ¿De quién depende vivir en paz? ¿La democracia ha llegado a los Mapuche? ¿Se abrirán juicios por la verdad histórica? ¿La jurisprudencia del estado Argentino: concebirá como “delito imprescriptible”, de “lesa humanidad”, los padecimientos de nuestro pueblo? Ultimamente y de forma reiterada se habla de derechos humanos: ¿será que los mapuche no somos considerados humanos? ¿Y la Constitución, los Convenios Internacionales, los Tratados por la Paz son palabras vacías?

Por eso a partir de hoy, 14 de Febrero, hemos retornado a Santa Rosa a ser lo que somos: Mapuche, gente de la tierra.

Con este gesto queremos expresar que todos tenemos derecho a diseñar nuestro propio futuro, que nuestra acción puede servir como fuente de inspiración, como aporte, como espacio abierto de participación para quienes revalorizamos la diversidad cultural. Hoy hablamos, los silenciados de siempre, a los sordos simuladores que han “gobernado” este país.

Pu peñi, pu lamuen, compañeros, amigos: es el tiempo exacto de reescribir nuestras historias. Convocamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a solidarizarse, acompañarnos, de todos depende que la Mapu (tierra) sea un lugar más respirable.

Por la Verdad histórica.
Por territorio, cultura, justicia y libertad!!

Marici Weu! Marici Weu! Marici Weu! Marci Weu!

Pueblo Nación Mapuche

La "Conquista" del Desierto: una masacre más en nombre de la civilización

Historia de un país Argentina siglo XX: “La conquista del desierto”


“Hoy, 18 de enero de 1826, para ahorrar balas,
degollamos a 27 ranqueles”.
Federico Rauch
- Presentación -
En el combate de Las Vizcacheras, un indio joven, de pelo largo, al
que llaman Arbolito, espera en una hondonada al oficial prusiano
Federico Rauch.
El militar europeo va solo, adelantado a sus tropas y a toda
velocidad, cuando su caballo es boleado. Federico Rauch, el hombre
responsable de exterminar a indios ranqueles a lo largo de dos años,
cae...
Arbolito, que busca vengar a muchos de los suyos, le corta la cabeza.
Pero... ¿cuál es el comienzo de esta historia...?
- Desarrollo -
Hace aproximadamente 30 mil años, tribus provenientes de Asia y
Oceanía comenzaron a ocupar el territorio americano, desde el
estrecho de Bering hasta Tierra del Fuego.
El tiempo y la geografía configuraron diversos pueblos con diferentes
culturas y modos de vida. Los tehuelches, los pampas, los wichís y
los araucanos subsistieron gracias a la caza, la pesca y la recolección
de frutos. Otros, como los incas, llegaron a construir ciudades
imponentes y lograron afianzar un extenso imperio que abarcaba los
actuales territorios de Perú, Bolivia, y el norte de la Argentina y
Chile.
Se calcula que la población total, hasta la llegada de los españoles en
el siglo xv, era de dos millones de habitantes originarios.
www.encuentro.gov.ar 2
En España funcionaba una rígida sociedad feudal. Quienes no poseían
bienes y riquezas difícilmente podían cambiar su situación social. Por
eso, América representó para muchos campesinos, labradores y
nobles empobrecidos la posibilidad de cambiar su condición social:
obtener tierras, riquezas, títulos y fama, que eran derechos y honores
reservados hasta entonces sólo a la nobleza.
Desde la llegada de don Pedro de Mendoza al Río de la Plata, la
política adoptada fue la de las hostilidades con los habitantes
originarios, la apropiación de sus tierras, y su posterior dominación
por medio de la fuerza y la religión.
Las líneas divisorias entre los asentamientos españoles e indígenas
fueron, durante largo tiempo, fluctuantes y reñidas. La creación del
Virreinato del Río de la Plata y la consecuente presencia de un poder
político y militar fuerte permitieron establecer una línea de fronteras
medianamente alejada de los centros urbanos.
De esta manera, los territorios que quedaron fuera de esta línea
pasaron a formar parte del denominado “desierto” –se buscaba
evocar un lugar despoblado–, aun cuando esos territorios
continuaban habitados por las comunidades aborígenes.
Muchos fueron los que pensaron que esos grupos y su forma de vida
no pertenecían a la civilización, sino a la barbarie. El indio era el
bárbaro, el salvaje al que había que domesticar o exterminar.
La Revolución de Mayo trajo aparejada una política conciliatoria e
integradora.
En octubre de 1810, el secretario de Guerra y Gobierno, Mariano
Moreno, encomendó al coronel Pedro Andrés García una expedición
pacífica, diplomática y comercial hacia las pampas. García elevó un
informe a la Junta en el que decía que el indio, “a pesar de su
barbarie”, podía ser reducido y asimilado a la civilización.
Además, propuso fortificar una frontera desde el río Colorado, al sur
de Mendoza, para establecerse en Salinas Grandes, Guaminí y Sierras
de la Ventana.
Cuando el coronel Feliciano Chiclana visitó a los ranqueles en
Leuvucó, en 1819, pactó con ellos una alianza contra los españoles.
Esta tregua corta se vio interrumpida por la instalación de saladeros.
www.encuentro.gov.ar 3
En Buenos Aires, el saladero, industria dedicada a la elaboración de
tasajo –carne seca conservada en sal- creció notablemente y dio
origen al grupo de los saladeristas rioplatenses, que ejerció enorme
influencia en la dirección política del naciente país. Para esa industria
era necesario, además del ganado, contar con la sal traída de Salinas
Grandes o de la costa patagónica, todos territorios pertenecientes a
distintas tribus.
Así, las estancias cercanas a la ciudad avanzaron sobre territorio
indígena y ocuparon los campos donde estos se abastecían de ganado
salvaje.
Al poco tiempo de asumir la gobernación de Buenos Aires, Martín
Rodríguez delegó prácticamente el gobierno en su ministro
Bernardino Rivadavia y se lanzó a una “campaña al desierto”.
Decía Martín Rodríguez: “La experiencia de todo lo hecho nos enseña
el modo de manejarse con estos hombres; ella nos guía al
convencimiento de que la guerra con ellos debe llevarse al
exterminio. En la guerra se presenta el único remedio bajo el
principio de desechar toda la idea de urbanidad y considerarlos como
enemigos que es preciso destruir y exterminar”.
Con el objetivo de avanzar hacia los ríos Colorado y Negro, el
gobernador Martín Rodríguez estableció fortines en Areco, Navarro,
Monte, Chascomús y Ranchos, y también levantó un poblado en
Tandil.
Y esto pensaba a su vez el coronel García: “Fue errado y muy dañoso
el sistema de conquistar a los indios salvajes a la bayoneta y de
hacerlos entrar en las privaciones de la sociedad sin haberles formado
necesidades e inspirándoles el gusto de nuestras comodidades.”
El ascenso de Rivadavia a la presidencia, en 1826, significó para los
pampas la pérdida de una enorme cantidad de territorio. Todas las
tierras públicas de la provincia quedaron hipotecadas como garantía
del empréstito tomado con la casa bancaria Baring Brothers, de
Londres. Rivadavia decidió entonces aplicar el sistema de “enfiteusis”
por el cual los productores rurales podían ocupar y hacer producir las
tierras públicas, no como propietarios sino como arrendatarios.
La ley promulgada en julio de 1826 lo establecía sin lugar a dudas:
“Quedan especialmente hipotecados al pago del capital e intereses de
la deuda nacional, las tierras y demás bienes inmuebles de propiedad
pública, cuya enajenación se prohíbe en toda la Nación”. En vez de
fraccionar la tierra y entregarla en lotes a pequeños y medianos
www.encuentro.gov.ar 4
productores para que la trabajaran, la enfiteusis rivadaviana entregó
miles y miles de hectáreas a quienes ya eran grandes propietarios.
Como la ley no establecía límites, ni exigía la introducción de ganado
ni la población de los campos, permitía el subarriendo y la
transmisión de derechos, prestándose para todo tipo de
especulaciones con la tierra pública.
Ocho millones 600 mil hectáreas pasaron a manos de 538
propietarios privados.
Para controlar las fronteras y garantizar la tranquilidad de estos
propietarios, Rivadavia contrató al mercenario prusiano Federico
Rauch, que recibió el grado de coronel del Ejército nacional.
Su estrategia consistía en atacar por sorpresa y asesinar
indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños. Pero pronto le
llegaría su turno al “espanto del desierto”. el 28 de marzo de 1829,
en el combate de Las Vizcacheras, Rauch fue derrotado y degollado
por el ranquel Arbolito.
Los 30.000 kilómetros cuadrados de pampas que poseía Buenos Aires
se habían transformado –por el avance del ejército, y a la fecha de la
muerte de Rauch- en más de 100.000.
Una ciudad en la provincia de Buenos Aires aún hoy lleva su nombre.
“¡Hacendados!, Vosotros sabéis que la campaña y la frontera se
encuentran hoy enteramente libres de los indios enemigos: que
aterrados por los repetidos golpes de muerte que han sufrido en sus
mismos hogares y tolderías, se han refugiado al otro lado del río
Negro de Patagones, y a las faldas de las cordilleras de los Andes
[…] Un esfuerzo más, y quedarán libres para siempre nuestras
dilatadas campañas, y habremos establecido la base de todos los
cálculos de nuestra riqueza pública, y acabado la empresa que ha
burlado por más de dos siglos el valor y la constancia de nuestros
mayores.” (Juan Manuel de Rosas)
Entre 1833 y 1834, Rosas emprendió su Campaña al Desierto,
financiada tanto por la provincia como por los estancieros
bonaerenses.
La expedición contó con el apoyo de los gobiernos de San Luis,
Córdoba, San Juan y Mendoza.
www.encuentro.gov.ar 5
Se le encargó a Facundo Quiroga comandar una ofensiva conjunta
contra el indio. Organizados en tres divisiones, la última dirigida por
el mismo Rosas, penetraron en territorio indígena llegando a los ríos
Colorado y Negro, y ocupando Choele-Choel.
Durante la campaña, Rosas combinó la conciliación con el
sometimiento. Pactó con los pampas y se enfrentó con los ranqueles
y la confederación liderada por Calfucurá.
Se ganaron 2900 leguas cuadradas de tierras y la línea defensiva
pasó por Bahía Blanca, Médano Redondo y Carmen de Patagones.
Según un informe que Rosas presentó al gobierno de Buenos Aires, el
saldo de la operación militar fue de:
• 3200 indios muertos
• 1200 prisioneros
• 1000 cautivos blancos rescatados.
Por aquellos años de guerras civiles, unitarios y federales estuvieron
de acuerdo en la necesidad de exterminar al habitante originario y
quedarse con sus tierras.
Poco antes de escribir el Facundo y mucho antes de ser presidente,
Sarmiento declaraba:
“No debieran nuestros escritores insistir sobre la crueldad de los
españoles para con los salvajes de América, ahora como entonces,
nuestros enemigos de raza, de color, de tendencias, de civilización.
Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes,
por quienes sentimos, sin poderlo remediar, una invencible
repugnancia; no son más que unos indios asquerosos, a quienes
habríamos hecho colgar y mandaríamos colgar ahora, si
reapareciesen en una guerra.”
Durante la última mitad del siglo XIX, la Argentina se insertó en el
mercado internacional como productora y exportadora de productos
primarios. Inglaterra, la principal compradora de estos productos,
necesitaba materia prima para su industria textil y realizaba los
primeros intentos de enfriado de carnes que en poco tiempo darían
paso al frigorífico.
Esto despertó gran interés por la Patagonia, considerada una fuente
proveedora de lana y carne ovina, productos de exportación
generadores de divisas.
www.encuentro.gov.ar 6
De esta manera, se hizo necesaria la expansión de la frontera para,
como decía un funcionario de la época, “reemplazar a los indios por
ovejas”.
Comenzó a pensarse en poblar la región para asegurar la soberanía
argentina en esas tierras y abrir una vía de comunicación hacia el
Océano Pacífico para contrarrestar las ambiciones chilenas sobre el
estrecho de Magallanes.
En 1874, asumió la presidencia Nicolás Avellaneda y poco tiempo
después promovió la Ley de Inmigración y Colonización.
La ley fomentaba la inmigración mediante oficinas de propaganda en
las principales ciudades europeas, donde se entregaba folletería
informativa que prometía pasaje gratis, tierra en propiedad y trabajo.
Pero al llegar la oleada inmigratoria, la mayoría de las tierras estaban
repartidas entre los grandes terratenientes.
La nacionalización del territorio resultaba imprescindible.
El gobierno le encargó al ministro de Guerra, Adolfo Alsina, un plan
para terminar definitivamente con el “problema del indio y del
desierto” y correr nuevamente la línea de frontera. Este
emprendimiento intentó alcanzar el río Negro y lograr la paz con las
comunidades indígenas.
La falta de planificación y la incapacidad del gobierno de elaborar
tratados que respetaran mínimamente los intereses indígenas,
llevaron a varios caciques a organizar una gran invasión.
Alsina organizó la contraofensiva en 1876. Como resultado de la
campaña se construyeron pueblos como Carhué, Guaminí, Puán,
Trenque-Lauquen, Ita-ló, y una zanja de 374 km -de unos 3 metros
de ancho y 2 de profundidad– entre Carhué y Laguna del Monte,
conocida como la “zanja de Alsina”, que tenía como fin evitar el robo
de animales.
La política desarrollada por Alsina le había permitido al Estado ganar
unos 56.000 kilómetros cuadrados, extender la red telegráfica, la
fundación de cinco pueblos y la apertura de caminos.
Alsina muere y en su reemplazo es designado Julio Argentino Roca.
www.encuentro.gov.ar 7
“Sellaremos con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para
siempre, esta nacionalidad argentina que tiene que formarse, como
las pirámides de Egipto y el poder de los imperios, a costa de sangre
y el sudor de muchas generaciones.” (Julio Argentino Roca).
En 1878, el Congreso Nacional sancionó una ley por la que se
destinaban un millón 600 mil pesos para el traslado de la frontera a
los ríos Negro y Neuquén. La suma millonaria se obtendría a través
del “producido de las tierras públicas nacionales que se
conquistaran”.
Casi 400 personas se quedaron con más de 8 millones de hectáreas
de las mejores tierras del mundo.
El nuevo ministro de Guerra aplicó un plan de aniquilamiento de las
comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y
sistemática. El plan se realizó en dos etapas: una ofensiva general
sobre el territorio comprendido entre el sur de la provincia de Buenos
Aires y el río Negro, y una marcha coordinada de varias divisiones
para confluir en las cercanías de la actual ciudad de San Carlos de
Bariloche.
Julio Argentino Roca modernizó las tropas e incrementó la
construcción de líneas telegráficas. Los batallones comenzaron a
utilizar nuevos armamentos, como los fusiles Remington, con un
alcance de 1000 metros y la ventaja de disparos sin humo de
pólvora, que les permitía pasar inadvertidos.
En julio de 1878 el plan estaba en marcha y el ejército de Roca
lograba sus primeros triunfos con la captura de prisioneros y el
rescate de cautivos.
Cuando finalmente Roca emprendió su campaña, el indio estaba ya
muy lejos de ser un enemigo formidable.
“En la superficie de quince mil leguas que se trata de conquistar,
comprendidas entre los límites del río Negro, los Andes y la actual
línea de fronteras, la población indígena que la ocupa puede
estimarse en 20.000 almas, en cuyo número alcanzaran a contarse
2000 hombres a punta de lanza [...]. Su número es bien
insignificante en relación al poder y a los medios que dispone la
Nación. Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos
modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen
otra defensa que la dispersión, ni otras armas que la lanza primitiva.”
(Julio Argentino Roca)
www.encuentro.gov.ar 8
Los indios que no caían por los fusiles eran alcanzados por
enfermedades que habían llevado sus enemigos.
Cuando la financiación estuvo aprobada y el negocio armado, Roca
preparó sus fuerzas para la ofensiva final. La expedición partió entre
marzo y abril de 1879. Los seis mil soldados fueron distribuidos en
cuatro divisiones que partieron de distintos puntos para rastrillar la
pampa. Dos de las columnas estarían bajo las órdenes del propio
Roca y del coronel Napoleón Uriburu, que atacarían desde la
cordillera para converger en Choele-Choel.
Las columnas centrales, al mando de los coroneles Nicolás Levalle y
Eduardo Racedo, entrarían por la Pampa central para ocupar la zona
de Trarú Lauquen y Poitahue.
Todo salió según el plan, con el acompañamiento de la Armada que
con el buque El Triunfo, a las órdenes de Martín Guerrico, navegó por
el río Negro.
Roca demoró la llegada de las tropas a Choele-Choel para arribar a la
margen izquierda del río Negro el 25 de mayo de 1879. Tras la
celebración de la victoria aquel día de la patria, Roca encaró el último
tramo de la campaña. El 11 de junio las tropas llegaron a la
confluencia de los ríos Limay y Neuquén. Pocos días después, el
conquistador-ministro debió regresar a Buenos Aires para garantizar
el abastecimiento de sus tropas y para estar presente en el
lanzamiento de su candidatura a presidente de la República por el
Partido Autonomista Nacional.
El saldo de la campaña fue de miles de indios muertos, 14 mil
reducidos a la servidumbre, y la ocupación de 15 mil leguas
cuadradas que se destinarían, teóricamente, a la agricultura y la
ganadería.
Las enfermedades contraídas por el contacto con los blancos, la
pobreza y el hambre aceleraron la mortandad de los indígenas
patagónicos sobrevivientes.
Los vencidos debieron caminar encadenados 1400 kilómetros, hacia
los puertos de Bahía Blanca y Carmen de Patagones. De allí partieron,
en una larga y penosa travesía, hacia el puerto de Buenos Aires,
desde donde fueron trasladados a la isla Martín García.
En la isla, fueron embarcados nuevamente y “depositados” en el
Hotel de Inmigrantes, donde la clase dirigente de la época se dispuso
a repartirse el botín.
www.encuentro.gov.ar 9
Cuenta el diario El Nacional, del 31 de diciembre de 1878:
“Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas
a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de
Beneficencia.
La desesperación y el llanto no cesan. Se les quita a las madres sus
hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los
alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen
las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara,
otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno
al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a
su familia”.
La jerarquía católica expresó oficialmente su beneplácito por la
conquista, a través de monseñor Fagnano:
“Dios en su infinita misericordia ha proporcionado a estos indios un
medio eficacísimo para redimirse de la barbarie y salvar sus almas: el
trabajo; y sobre todo la religión, que los saca del embrutecimiento en
que se encontraban.”
Algunas tribus, con sus capitanejos y caciques que lograron escapar,
continuaron resistiendo por medio de escaramuzas en las fronteras.
Pero fueron finalmente reducidos por la fuerza o por el pacto,
recibiendo un total de 24 leguas en zonas estériles y aisladas.
- Cierre -
La “conquista del desierto” cumplió con dos objetivos fundamentales
para la elite gobernante: afianzar la burguesía y consolidar el poder
militar.
Además, sirvió para que entre 1876 y 1903 -un lapso de 27 años- el
Estado regalase o vendiese casi 42 millones de hectáreas a 1800
terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o
familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel
período. Sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de 6
millones de hectáreas.
Entre ellos, se destacaron 24 familias “patricias” que recibieron
parcelas que oscilaban entre las 200 mil hectáreas de los Luro, a las
2 millones 500 mil obtenidas por los Martínez de Hoz.
www.encuentro.gov.ar 10
Para 1920, solamente cincuenta familias eran propietarias de más de
4 millones de hectáreas en la provincia de Buenos Aires.
Estas tierras fiscales que, según marcaba la Ley de Inmigración,
debían ser destinadas al establecimiento de colonos y pequeños
propietarios llegados de Europa, fueron distribuidas entre una minoría
de familias vinculadas al poder, que pagaron por ellas sumas
irrisorias.
Algunos pequeños propietarios se dedicaron a la explotación ovina y
poblaron el desierto con ovejas; otros dejaron centenares de miles de
hectáreas sin explotar y sin poblar, especulando con la suba del
precio de la tierra.
Aún hoy el territorio de la Patagonia tiene un porcentaje de medio
habitante por kilómetro cuadrado.
Hoy, muchos descendientes de los pueblos originarios de esas tierras
viven ignorados y marginados como en aquellos días de la conquista,
cuando fueron brutalmente masacrados o condenados a sobrevivir
aislados en pequeñas comunidades, luchando porque concluya el
tiempo de dominación sistemática ejercida por el hombre blanco.
Historia de un país. Argentina Siglo XX – Canal Encuentro
Guión: Felipe Pigna/ Paula Romero Levit – Asesoramiento Histórico: Felipe Pigna –
Asesoramiento en contenidos: Jésica Tritten – Archivo histórico documental de Canal
Encuentro: Claudia Perel/ María Flores/ Gachi González

"Las Redondas"

Era un placer ir al quiosco y, con algunas monedas que habías ahorrado, comprar un paquete de figuritas. Te temblaba la mano de la emoción al abrirlas, para saber si había salido “la difícil” que todo el mundo buscaba o el premio ("el vale")también reservado para unos pocos afortunados. Después era como la vida: alegría por las que no tenías, tristeza por las repetidas de siempre. Eran redondas, de cartón, redondas como la pelota y como la ilusión de aquellos pibes que, viendo el sacrificio diario de los viejos, soñaban con un mundo mejor. También servían para socializarte, ya que te permitían el intercambio y la negociación (“te doy tres por esa” o “todo este pilón -como 100- por aquella difícil”) que te ayudaba a completar el álbum. Te fogueaban en la competencia diaria: cada recreo eran infinidad de partidos en el patio del colegio jugando a “la tapadita” o “el espejito”; y el que ganaba se llevaba todas las que estaban en juego. Permanentes triunfos y derrotas, pero siempre la revancha en el recreo siguiente. Después, el placer de pegarlas en el álbum, con plasticola si había o con engrudo (harina y agua) si la plata no alcanzaba. Por el álbum lleno, también había premio. El tiempo y la modernidad se las llevó: hoy las figus son rectangulares, autoadhesivas, de papel, no sirven para jugar y si te faltan algunas, las comprás en el distribuidor. Como el mundo, las figus se volvieron frías.

Datos personales

Mi foto
El Navegante Errante
Argentina
Un coleccionista de discos que, como excusa para seguir juntando, hace nueve años que conduce un programa de radio.
Ver todo mi perfil